Ocupan la sede de un local modesto pero lleno de vida en la calle Ventura de la Vega, en pleno barrio de Nervión. A primera vista, puede parecer un centro deportivo, una asociación vecinal o un club cultural. Pero no es nada de eso… o es todo eso, y más, a la vez.

Un cartel en la puerta nos dice que estamos en la entrada de la sede de la Peña Cultural Antorcha. Cinco escalones separan la calle de un interior en el que lo primero que llama la atención es la vitalidad con la que reciben a los visitantes sus miembros. Hay un grupo jugando al dominó, otro de señoras inmersas en pleno taller de pintura… Todo bajo la mirada alegre del busto de José Almoguera, fundador de la peña, que preside el salón principal de la sede.

«Nació hace 42 años, en 1972, y se registró el 8 de diciembre, el día de la Inmaculada», apunta el actual presidente, Cristóbal Navarro Clemente, que junto al vicepresidente, Feliciano Jiménez, son los guías de una breve, pero apasionante visita por este salón que recoge en decenas de fotografías los momentos más importantes de la Peña Cultural.

Sus orígenes se remontan a «los padres de alumnos del Grupo Escolar Portaceli», dice Navarro. «El colegio estaba divido en dos partes, de gente con más recursos y otra con menos capacidad monetaria; ese era el grupo escolar. Los padres de ese grupo se reunían todas las mañanas para escuchar misa en Portaceli y todas las mañanas charlaban de las cosas de sus hijos».

Cuando el grupo escolar se cierra, su director, José Almoguera, «para no perder las reuniones y la amistad entre todos los padres decide formar la Peña Cultural Antorcha», indica el presidente. Los ojos de los miembros de esta Peña se iluminan cuando pronuncian el nombre de este hombre que estuvo como presidente de la Peña 42 años, «hasta febrero de este año en que falleció».

Almoguera cuidó de la Peña como si fuera un hijo. Desde un principio soñó con un lugar en el que «reforzar los lazos de cristiana amistad entre los padres. La antorcha simbolizaba la luz de la fe: dar luz a los desfavorecidos, a los niños…», dice Cristóbal. Por eso el nombre del grupo y por eso una de las primeras actividades que organizó y que aún se celebra es la cabalgata de Reyes Magos en la mañana del 6 enero, «visitando unos 15 conventos de clausura y llevándoles comida y regalos a las hermanas». También ayudan a colegios de niñas internas en Villanueva del Ariscal, recogiendo alimentos.

Actualmente hay 430 socios. «Empezaron unos 20 socios fundadores, que todavía viven muchos, que estaban vinculados a Portaceli y eran nuestros padres. Ahora somos los hijos los que estamos al frente», dice el presidente.

Aunque hoy en día muchos socios no tienen nada que ver con el colegio, son personas que se interesan por la importante actividad cultural que desarrollan. «Hay muchas personas del barrio que se unen después de conocer nuestras actividades».

Y es que tienen actividades de todo tipo: «hay taller de pintura, de canastillas, donde se hacen ropas de bebés para los recién nacidos de familias con escasos recursos, otro de punto, un taller de movilidad…». Además, todos los viernes hay misa en la capilla que se ha adaptado en el local, presidida por una imagen de la Virgen de Araceli de Castillo Lastrucci regalada al fundador de la Peña, «y que no solo es para los socios».

También las excursiones: «Nos llaman la Antorcha Peregrina porque hemos visitado casi todas las advocaciones de la Virgen de España, y una peregrinación periódica a Lourdes». Y otras más, como el Pregón de Semana Santa, un grupo de teatro, coral, conferencias, exaltación de la saeta, un belén en Navidad, conciertos de villancicos… «Pretendemos que haya diversidad de actividades para que todos los socios tengan algo de interés», indica Cristóbal.

En esta sede de la calle Ventura de la Vega llevan unos diez años. «Casi la mayoría de la historia de la Peña la ha pasado en la calle Luis Montoto 141», apunta. «Pero todavía hay gente que no sabe que estamos aquí».

La Peña Cultural Antorcha no es una peña cerrada, sino abierta al barrio. «En el mismo taller de movilidad hay vecinos que no son socios y que acaban apuntándose con el tiempo. Cuando alguien quiere hacerse socio primero le decimos que venga y nos conozca, y con el tiempo decidan si se apuntan», dice el presidente.

Ahora «nos falta gente joven, por eso estamos atrayéndolos mediante el grupo de teatro, partidos de fútbol entre padres e hijos, etc.». Todo, para mantener la vitalidad de una Peña que es una de esas instituciones calladas, modestas, pero grande por sus obras y su día a día. Una peña que hace honor a su nombre, Antorcha, manteniendo siempre encendida la llama de sus fundadores, y mirando a un futuro lleno de vitalidad y compromiso.