Poco o nada queda del fulgurante arrabal que acogió entre sus adoquinadas calles el núcleo industrial que modernizó la Sevilla del siglo XIX. Las lindes de San Bernardo custodian un pedacito de historia amenazado hoy por la desidia de los que encauzan el sino de la ciudad desde la Plaza Nueva. «A los políticos no les compensa. Nadie invierte en esta zona porque somos muy pocos, todo está en ruinas», asegura Julio del Junco, secretario de la asociación de vecinos Jardines de la Buhaira.

La prueba a estas palabras se encuentra, a su juicio, en las múltiples edificaciones que deberían declararse «zona en ruinas» por el mal estado que presentan. Una de ellas sería la antigua Estación de Cádiz. «A menudo caen trozos de chapa y cristal, sobre todo los días de lluvia y viento. Las vigas están corroídas y los tensores del armazón de hierro rotos. Es un peligro para la gente que viene a vender y comprar al mercado». En este sentido, Del Junco recuerda que el mercado de la Puerta de la Carne llegó a la Estación de Cádiz en 1999 de manera provisional, «pero ha adquirido el estatus de permanente en un lugar que -según cuenta- no reúne las condiciones pertinentes de higiene y seguridad».

Otro inmueble cuya recuperación reclaman los vecinos es el antiguo colegio para adultos San Bernardo, conocido popularmente como «Paterri». Este edificio de titularidad municipal estuvo ocupado 23 años hasta que en mayo de 2014 fue desalojado tras emitir el TSJA la correspondiente sentencia. Desde entonces permanece cerrado y sin uso. «Llevamos pidiendo al Ayuntamiento desde hace más de diez años que el Paterri pase a tener uso vecinal, convirtiéndose en un centro cívico. Actualmente, no tenemos posibilidad de celebrar talleres culturales ni reuniones», afirma Manuel Gavira, presidente de la asociación «144 botellines en mediodía».

Respecto a esto, Julio del Junco apunta que en el «Paterri» no sólo cabría un centro cívico, sino también una guardería pública, de la que carece el barrio, «y un centro de salud, si me apuras. Desde el cierre del Equipo Quirúrgico, los vecinos tenemos que ir a Huerta del Rey, que está lejísimos y cierra por las tardes. Si tenemos una urgencia, no tenemos otra opción que ir al hospital».

La tercera edificación en discordia es la Real Fábrica de Artillería, catalogada como Bien de Interés Cultural. En septiembre de 2015, el Consistorio inició la restauración del inmueble para transformarlo en un «contenedor cultural». Los vecinos apoyan la recuperación del espacio, siempre y cuando sean ellos los principales beneficiarios. Consideran que «ya hay otros espacios en la ciudad para la cultura que permanecen vacíos casi todo el año, como el auditorio Rocío Jurado, o totalmente inoperativo, como el de la SGAE. En nuestro caso -añade Manuel Gavira-, hace años que no podemos celebrar la velá del barrio y tampoco tenemos lugar para guardar las carrozas de la cabalgata de Reyes. La Fábrica de Artillería es muy grande y se podría dar cabida a todo eso y mucho más».

El Prado, abandonado

Los veladores saturan la avenida de Málaga, en el Prado, que soporta además el paso continuo de autobuses

Los veladores saturan la avenida de Málaga, en el Prado, que soporta además el paso continuo de autobuses

La dejadez en el entorno del Prado de San Sebastián también tiene en pie de guerra a sus vecinos. Los problemas ocasionados por la estación de autobuses, las cocheras del Metrocentro y los juzgados, copan las principales quejas, así como la presencia de gorrillas o el exceso de veladores en la avenida de Málaga o en la calle José Ignacio Benjumea.

En cuanto a la estación, Julio del Junco asevera que ésta se concibió en los años 40 para los pequeños autocares que entonces existían, «no para los monstruos que hoy pasan a cada instante», desde las seis de la mañana hasta la medianoche. «Las casas no dejan de vibrar. A causa de la barrera que han puesto en la entrada a la estación, hay una mayor emisión de gases, tocan el claxon, aceleran o frenan de forma brusca. Todo eso lo sentimos en nuestras viviendas». Por eso, creen, que esta actividad debería concentrarse únicamente en Plaza de Armas, «una estación moderna y adaptada a los vehículos actuales».

Las cocheras del Metrocentro, cuyo litigio por su ubicación -un solar calificado como zona residencial en el PGOU- sigue pendiente de resolución judicial, es otro de los puntos negros del barrio. «Desde primera hora de la mañana producen un ruido insoportable, pero mucho peor es cuando limpian los vagones. Los vecinos tienen que cerrar ventanas y balcones porque -tal y como atestiguan- utilizan unos productos químicos muy fuertes que desprenden un olor inaguantable».

Reclaman, por otro lado, que la Ciudad de la Justicia sea un objetivo real en 2016, de este modo, dicen, se erradicarían los problemas de inseguridad que generan los juzgados en el Prado. «Los familiares que acompañan a algunos detenidos, mientras esperan, hacen sus necesidades en la calle, se cuelan en los portales de nuestras viviendas a dormir y se enzarzan continuamente en peleas». Aunque la inseguridad no sólo parte de los juzgados, sino también de los gorrillas que acuden al Prado cuando acaba la zona azul. Por este motivo, piden que la medida reguladora de aparcamientos se amplíe hasta las diez de la noche los días laborales, como en Bami, además de los sábados y domingos.

Sin embargo, en opinión de Julio del Junco, la inseguridad y el exceso de veladores se solucionaría con una mayor presencia policial. «La Policía Local sólo acude al barrio para entregar documentos a los juzgados. Necesitamos agentes que paseen por las calles, que inspeccionen los establecimientos y, en general, que haya un mínimo control. Nos sentimos totalmente desprotegidos».

Por último, Luis Salvador, presidente de la asociación de vecinos Jardines del Prado, critica la actuación que se realiza durante todo el año en el parque. «El Ayuntamiento lo considera un cajón de sastre para celebrar cualquier tipo de evento: el Festival de las Naciones, la pista de hielo y la noria en Navidad… Son actuaciones muy agresivas para árboles y plantas, que los dejan en la situación que ahora se encuentran: tremendamente deteriorados. Los turistas y los propios sevillanos no pueden disfrutar de los jardines porque siempre están ocupados». Por esto, Salvador asevera que el objetivo de su asociación es devolver a los Jardines su idiosincrasia.