La gastronomía castellana más castiza llegó a Sevilla hace más de 15 años de la mano de Asador de Aranda. Llegó y se quedó, como ha hecho en otras tantas ciudades españolas. Los dueños de esta cadena de restauración es de Aranda del Duero, de ahí su nombre. Cuenta el encargado del restaurante en la capital hispalense, Enrique Rubio, que esta familia de tradición hostelera abrió las puertas de su primer negocio en su ciudad natal, tras años de éxito decidieron abrir en diferentes ciudades del país como Madrid, Barcelona, Bilbao, Oviedo, Valencia, Valladolid y Zaragoza.

En todos estos puntos de nuestra geografía, el restaurante tiene una característica común: el acabado del entorno en el que se recibe a los clientes. Espacios mimados y cuidados al más mínimo detalle, creando una atmósfera acogedora y llena de sensibilidad. «Esta cadena se diferencia por el impacto visual, lo que pretendemos es que el consumidor entre y se sienta cómodo» explica el encargado.

En nuestra ciudad está situado en Nervión, en la avenida Luis Montoto, allí se encuentra solemne un antiguo palacete sevillano del año 1929. En otro tiempo esta gran casa, según cuenta Enrique, fue un hospital por lo que el edificio ha sufrido varias transformaciones. «Cuando nos hicimos cargo de la vivienda la modificamos entera, suelos, techos, ventanas, mobiliario, absolutamente todo». En definitiva una remodelación para crear un decorado al más puro estilo castellonense con toques andaluces.

Pero de la decoración no se alimenta el ser humano y el gran atractivo de este negocio es su cocina. Como no podía ser de otro modo, está basada en la gastronomía de Castilla. Una carta muy variada donde el plato estrella es el lechazo asado en horno de barro  «una técnica sencilla pero inmejorable, es por esto por lo que se mantiene desde tiempos inmemoriales». La comida andaluza también se hace un hueco en la carta del Asador de Aranda «hacemos un guiño a la cocina de la tierra con varios platos típicos de aquí».

Una amplia variedad de platos entre los que se puede degustar amasijo de huevos y ajos tiernos, chuletillas, morcilla de arroz y los distintos embutidos a la brasa, todo regado con un buen Ribera del Duero, sin duda, un sitio no apto para personas que siguen una dieta de adelgazamiento.