El pasado día 12, día de la Virgen del Pilar, en el que celebrábamos la festividad con gozo y alegría, se nos apagó la sonrisa de nuestra querida hermana Manuela Naranjo, de la comunidad Carmelita de Santa Joaquina de Vedruna de Sevilla, que siempre destacó por su cariño a los alumnos del colegio y que tantas generaciones se han formado bajo su tutela. En su misa funeral nos reunimos entorno al Señor muchos de ellos tanto de alumnos, como de padres y abuelos que durante muchos años la tratamos. Y recordaremos para siempre su cariño y la alegría que irradiaba, incluso cuando ya los achaques de la edad o la falta de salud no le permitían reconocer a muchas personas, impidiéndole recordar sus nombres. Pero nunca le faltó una sonrisa de agradecimiento cuando le preguntábamos cómo se encontraba, algo que sabemos que mantendrá desde el cielo, siempre tratando de alegrar nuestras vidas.

Tendría que volver a mis recuerdos de casi 40 años atrás, ya que desde que mis hijas comenzaron sus estudios siempre fue una persona que se hacía notar, que dialogaba con los padres, siempre cariñosa con todo el mundo. Tuvimos, además, muchas oportunidades de hablar -también en cualquier celebración del colegio-, bien por la festividad de Santa Joaquina de Vedruna, en el consejo escolar, en la asociación de padres de alumnos, en las fiestas pre-navideñas, en excursiones, en encuentros parroquiales y en sus últimos años de actividad, que los dedicó a la asociación de antigos alumnos.

Reciba nuestro más sentido pésame su familia y la comunidad de religiosas carmelitas de Santa Joaquina de Vedruna, que despiden con tristeza a su querida hermana Manuela, la religiosa de más edad de su comunidad.