Coincidiendo con el periodo estival, el Hospital San Juan de Dios de Sevilla ha puesto a disposición de los cuidadores de las personas dependientes 8 plazas de su Unidad de Respiro Familiar. Este servicio, operativo todo el año, tiene como objetivo facilitar el descanso del cuidador para que disponga de tiempo para atender asuntos personales incompatibles con la atención a un familiar sin autonomía.

El Hospital San Juan de Dios pone a disposición de esas familias ocho camas y la garantía de que la persona dependiente contará con el acompañamiento y la atención que necesita por parte de los profesionales del centro: higiene, alimentación, cuidados básicos de enfermería y acompañamiento.

Esta Unidad funciona a lo largo de todo el año, facilitando así que el cuidador pueda ocuparse de sí mismo y atienda sus compromisos sociales o médicos. En 2012 ingresaron en la Unidad de Respiro Familiar 40 personas. El plazo máximo de estancia se ha establecido en 15 días, precisamente para poder beneficiar al mayor número de cuidadores.

Este servicio pretende aliviar la carga tanto física como emocional del cuidador que, según algunas estadísticas, sufren síntomas como aislamiento social, autocompasión, insomnio, estrés o ansiedad en el 75% de los casos.

El motivo de la solicitud de los servicios de la Unidad ha sido por descanso y/o vacaciones en un 67,4%; por intervención quirúrgica del cuidador en un 12,1% y por otras circunstancias como acontecimientos familiares y visitas fuera de la localidad, en un 18,6% de los casos.

Para poder acceder a los servicios que se prestan en esta Unidad se puede solicitar información directamente a la trabajadora social del Hospital San Juan de Dios, en su centro de salud o en Servicios Sociales. La trabajadora social valorará la situación socio-familiar y el médico estimará las necesidades asistenciales y de cuidados del usuario.

Las condiciones que hay que reunir para solicitar los servicios de la unidad son: que el familiar sea enfermo crónico o personas mayores dependientes y que la persona cuidadora no disponga de recursos propios para financiar la externalización del cuidado.