Entreculturas es una ONG que forma parte de los jesuitas, es una organización a nivel mundial que tiene sede en Sevilla y se encuentra situada al lado del colegio Portaceli. Su mayor objetivo es conseguir el acceso a la educación de todos como medio de cambio social, justicia y diálogo. Sus zonas de trabajo son las más desfavorecidas de América Latina y África. Por ello anualmente forman a grupos de voluntarios para que cooperen en estos países en vía de desarrollo.

Esta entidad lleva trabajando 20 años con el programa de voluntariado internacional, al que ellos llaman Volpa, en el que se prepara a las personas para que tengan una experiencia de uno o dos años en un país de América Latina o África. Fernando Monsalve, delegado de la sede de la capital hispalense, destaca que este proyecto que se desarrolla en el extranjero es diferente a todos los que puedan existir « formamos durante nueve meses a todas la personas que vienen aquí con inquietudes de ayudar fuera de nuestras fronteras». Su base principal  es demostrar que hay una realidad diferente a la que vivimos diariamente en los «países del norte». Promueven la sensibilización y el encuentro intercultural «no sólo somos nosotros los que les podemos aportar a ellos, es más, hay veces que ellos nos dan más a nosotros».

Fernando asegura que la mayoría de los voluntarios son gente joven recién licenciada que busca vivir una nueva experiencia. Este año están preparando en nuestra ciudad a 18 personas. Desde el mes de octubre llevan trabajando en un plan de aprendizaje que se divide en tres fases. Una primera que la denominan el yo, son seis sesiones basadas en la motivación. Una segunda fase a la que llaman el tú, apoyada en un curso conocido como acércate al sur, en el que se conoce la realidad de esos países. Y un tercer bloque en el que se busca el lugar donde van a actuar.

Es un programa muy personalizado en el que colaboran cuatro formadores «adaptamos el proyecto a cada uno de los asistentes para que haga su labor lo mejor posible». Hasta el momento todos los participantes regresan a España muy satisfecho con la labor que han desarrollado. El programa no acaba a la vuelta, cuando llegan los monitores hacen un seguimiento de cada uno de ellos para que se reubiquen de nuevo y les proporcionan las herramientas para que colaboren desde aquí. «Normalmente vienen muy tocados, pero no negativamente sino todo lo contrario . Una experiencia que les completa personalmente y que significa un antes y un después en sus vidas.