Juan Gómez Muñoz podría ser uno de tantos niños que han acudido a la Escuela de Verano del Distrito Norte, pero no ha sido así. Juan, que ha pasado todo su verano en el C.E.I.P. Juan de Mairena con Norteduca, padece autismo.

Una enfermedad complicada y dura de tratar en su día a día, aunque en esta escuela el drama ha sido un cuento de hadas. «Estoy realmente emocionada y no sé cómo daros las gracias por haber hecho feliz a un niño autista de 13 años», así comienza su carta, María Rocío Muñoz, madre de Juan, cuya felicidad y agradecimiento lo ha tenido que plasmar en una carta que ha llegado tanto a las manos del Distrito Norte, como a los monitores de la escuela de verano allí establecidos. Muy especialmente a María, educadora especial que ha pasado todo el tiempo con Juan, «me agarraba el pelo, me echaba el brazo por lo alto, Juan es muy bueno y muy cariñoso, a pesar de no ser fácil su situación. Hay que tener mucha paciencia». «Gracias por conseguir que sus compañeros entiendan y quieran a Juan», explica.

En la carta, María Rocío se emociona al mencionar como han querido y entendido los compañeros de Juan a su hijo.

María, su monitora, ha vivido una experiencia impresionante, fructífera y enriquecedora que ha hecho que el fin de Norteduca haga que eche de menos a todos los pequeños y muy especialmente al propio Juan.

En el Distrito Norte, donde más discapacitados hay respecto a todas las escuelas de verano de nuestra ciudad, Juan ha vivido su propio cuento de hadas, el sueño de una noche de verano y la felicidad de su madre, la cual cuenta que «independiente de la política me habéis demostrado que sois buenas personas. No cambiéis por favor».