En la zona norte de Sevilla, más allá del Alamillo y poco antes de llegar a San Jerónimo, se ubica la Bachillera, un barrio con sabor a pueblo, rodeado de modernas edificaciones que lo ocultan a la vista.

No obstante, su construcción se remonta a 1948, tras la cesión de terrenos por parte de la Asociación Sevillana de la Caridad. Esta entidad benéfica alquiló suelos a familias sin recursos, muchas de las cuales habían sido desalojadas de corrales y casas de vecinos del centro y de Triana.

En un primer momento se constituyó como un núcleo de chabolas e infraviviendas. El esfuerzo de los residentes hizo que mejorara la calidad de las viviendas y que ampliaran su superficie, aunque sin planificación y de manera un tanto caótica. Como consecuencia de estos orígenes, la Bachillera presenta un aspecto bastante degradado.

En la actualidad vive en la barriada un millar de personas, en su mayoría mayores de 65 años. Un total de 356 viviendas unifamiliares conforman la Bachillera, pero el 47% de ellas siguen sin escriturar a pesar de que la Asociación Sevillana de la Caridad se constituyó como fundación en 2005, convirtiéndose en su presidente el entonces alcalde socialista Sánchez Monteseirín. Todos los vecinos aspiran a que las casas sean algún día de su propiedad. Solo un laberinto burocrático ha impedido que estas legítimas aspiraciones se conviertan en realidad.

Angostas calles

Estado de algunas casas en la Bachillera

Estado de algunas casas en la Bachillera

Una de la singularidades de la Bachillera es su viario. Las calles más estrechas de Sevilla no se encuentran en el casco histórico. Un paseo por las angostas vías de la Bachillera basta para comprobar que algunas son tan minúsculas –muchas no llegan al metro de ancho– que son como auténticos patios particulares. Los niños juegan sin temor al paso de los coches; las mujeres y los hombres sentados en las hamacas hablan tranquilamente sin ruidos mientras toman el fresco y las macetas decoran las paredes como los típicos pueblos andaluces.

Sin embargo, la ausencia de planificación urbanística ha tenido como efecto la saturación de las edificación , la ausencia de espacios libres y de plazas y apenas existen equipamientos y dotaciones, debido al vandalismo.

La estrechez de las calles

La estrechez de las calles

Para tratar de resolver estos problemas, el PGOU de 2006 incluyó a la Bachillera en una de las cinco áreas de gestión integrada de la ciudad, reformándose las calzadas, las redes de saneamiento y abastecimiento y el alumbrado. Posteriormente, para el desarrollo del planeamiento, en noviembre de 2010 la Junta de Gobierno local aprobó inicialmente un Plan de Reforma Interior (PERI) con fines de rehabilitación y reurbanización. La ejecución del planeamiento supondría la reparcelación de la zona y la posibilidad de que los vecinos adquiriesen la condición de propietarios. Después de que el documento inicial del PERI recibiese 341 alegaciones, el Ayuntamiento del PP aprobó el documento provisional del Plan de Reforma Interior de la Bachillera en noviembre del año pasado tras ser respondidas dichas alegaciones. Un Plan, que según asegura el presidente de la asociación de vecinos «Estrella Andaluza», Antonio González, «está paralizado», por lo que exige al alcalde, Juan Espadas, que renueve los cargos de la fundación Sevillana de la Caridad y para que, en calidad de presidente, desbloquee el proyecto de rehabilitación integral. Otra de las quejas vecinales es que Lipasam solo limpia cuatro de las 23 calles del barrio, con el consiguiente problema de insalubridad.

Con el fin de atender los casos de infraviviendas graves que no fueron resueltos en su día por la Junta, el Ayuntamiento convocó en 2014 ayudas para la eliminación de infraviviendas, cuya financiación es costeada al 90% por parte del Consistorio y el resto por los vecinos. De esta convocatoria resultaron beneficiados nueve vecinos. Para ello, se han destinado 613.632 euros. Las obras comenzaron en junio y están cambiando levemente la fisonomía del barrio.