La primera piedra del monasterio de San Jerónimo de Buenavista se puso tal día como este martes, 11 de febrero de 2014, hace seis siglos. Una fecha que quieren recordar la Ampa que lleva su nombre y un grupo de vecinos del barrio, que buscan marcarla en el calendario como pistoletazo de salida para una serie de actividades que pongan en valor desde las perspectivas históricas, arquitectónicas, social y cultural el legado de este espacio monumental fundado en 1413 por fray Diego de Sevilla, jerónimo que provenía del monasterio de Guadalupe, y que acabó de construirse en 1450.

Hoy, este monasterio, que lleva de apellido un Buenavista que recuerda sus espectaculares vistas sobre el meandro del Guadalquivir, está en el camino de cumplir el sueño que acarician los vecinos desde los años noventa de incorporar, con respeto al monumento, un centro cívico de más de 2.400 metros cuadrados, un proyecto que lleva casi ocho años de retraso, como ha informado ABC de Sevilla.

A lo largo de estos seis siglos y desde sus esplendorosos primeros tiempos, el monasterio fue cayendo en un progresiva decadencia desde el siglo XVII, que remató la desamortización de Mendizábal en el siglo XIX. Expoliado, olvidado, casi oculto por la distancia al centro de a ciudad, este espacio, bella muestra del gótico flamígero, con un bellísimo claustro renacentista, ha sido objeto de usos muy diferentes a su origen monacal. Desde hospedaje de Reyes en sus tiempos de relevante importancia histórica, dando albergue a los monarcas católicos Isabel y Fernando, a Carlos I, Felipe II o Felipe IV, imprenta de Indias, ha sido hasta utilizado como cortijo. Lazareto, cebadero de cerdos y fábrica de cristales, una utilización ésta última que dañó irreparablemente e hizo desaparecer la escalera de caracol que llevaba hasta su espléndida torre, con campanario y espadaña, obra de Hernán Ruiz II, autor del último cuerpo de la Giralda.

Porque este espacio, que también fue en años más cercanos, escenario de conciertos, teatros o exposiciones, tiene, igualmente, una lectura de capital importancia arquitectónica. Diego de Riaño, Miguel de Zumárraga y el citado Hernán Ruiz II dejaron en él su huella. Artísticamente contó con obras de escultores y pintores destacables, como recuerda el colectivo de su VI centenario. Y ahí están los nombres de Torrigiano, Valdés Leal, Murillo y Zurbarán. De sus obras artísticas nada queda hoy en este espacio, castigado y mal usado durante demasiado tiempo.

En el monasterio, de titularidad municipal desde hace 29 años, se han retomado las obras para finalizar el centro cívico. La lleva a cabo la UTE formada por Edificaciones Castelló y Construcciones Bañuls con un presupuesto añadido de 560.000 euros. A su término, Sevilla dispondrá de 2.400 metros cuadrados para actos y actividades, repartidas en ses dependencias, aulas, talleres, salas para eventos culturales y grandes espacios como un salón de actos y una biblioteca, según respetuosísimo diseño, respetando las dimensiones originales del edificio, de Fernando Sánchez Navarrete y José García Tapial, autor éste último de las urgentes labores de restauración que se realizaron en 1984.