Un río abandonado. Maleza, suciedad, mal olor y zonas inaccesibles son el día a día de los pescadores que echan su caña en el Guadalquivir a su paso por San Jerónimo. Un vecino, Iván Calzado, indignado por la situación, ha decidido salir de pesca cámara en mano para denunciar en su blog el estado de una zona ideada allá por el año 1992 para el recreo de pescadores.

«No hay mantenimiento, ese es el principal problema», critica Calzado, quien suma ya más de 20 años de pesca en el entorno de San Jerónimo, su barrio. «Ha crecido la hierba invadiendo los bloques de hormigón sobre los que se asientan los puestos de pesca, no hay vigilancia, luces… es inaccesible, hay basura entre la maleza y los malos olores de las aguas residuales no permiten estar a gusto en el lugar», denuncia.

Estos puestos de pesca se construyeron a finales de la década de los 90, de forma paralela a la Exposición Universal Sevilla 92. Pero su conservación apenas duró algunos años. Ya en 1997, ABC de Sevilla se hacía eco de las denuncias del extinto Club de Pesca San Jerónimo-Salmón, que mostraba su «malestar por la perdida de calidad del meandro” y del “empeoramiento del último reducto natural que le queda al Guadalquivir a su paso por Sevilla». La denuncia, de hace 15 años, explicaba cómo de 85 puestos que se inauguraron en 1992, solo quedaban operativos ocho. En la actualidad, apenas cuatro.

«En San Jerónimo todo el mundo tiene una caña ya que el río está a apenas 200 metros», señala Calzado. «¿Por qué el entorno del río a su paso por Triana o Los Remedios sí está cuidado? Como en este barrio no tenemos turismo ¿no merecemos que lo cuiden?», se pregunta este vecino.

«Limpiaron para las elecciones, poco más», denuncia. La barca limpiadora que realiza servicios de limpieza «cada vez pasa con menos frecuencia y la basura se agolpa bajo la maleza», explica. Además, la zona está bastante transitada por jóvenes que realizan allí el botellón, con lo que los olores a orín y la basura aumenta sin remedio, según critican los pescadores. «No hay papeleras, está todo llenito de basura», afirma.

Según la denuncia de este pescador, el Ayuntamiento se escuda en la opinión de Ecologistas en Acción, quienes desaconsejan el desbroce de la vegetación de las orillas por la importancia de estas para la cadena de alimentos de los peces. Una teoría «absurda», según Calzado, dado que «la maleza crece encima de los bloques de hormigón y, de ser perjudicial para el ecosistema de los peces, ¿por qué la hicieron en 1992? Los puestos de pesca se hicieron para algo en la situación en la que están», cuestiona.

La solución: «coger el coche y pescar en Triana, bajo el puente de La Barqueta, Plaza de Armas o en el Ronquillo o Guillena», explica resignado Calzado.