Antonio Luna Martín es, en Pino Montano, Antonio «del Andalucía». Su apodo se lo debe al nombre de su bar. Ambiente de barrio, de buenas personas, en una bodega de las de siempre. Un lugar, en pleno corazón del barrio, en el que la Cuaresma se vive intensamente.

En el Camino de los Toros, una de las arterias principales de Pino Montano, se encuentra «el Andalucía». «La mejor clientela del mundo», según Antonio Luna, el propietario, se topa a su llegada con el aroma a incienso y marchas cofrades. «Somos una gran familia, gracias a esto es como se mantiene el bar», explica. Su lema: «Hacer amigos y no clientes». Con esa filosofía acumula 30 años deleitando al barrio.

Sus paredes acogen todo un museo dedicado a la Semana Santa. «Yo me siento cofrade y mi clientela es casi toda cofrade», explica este hermano de las hermandades de Montesión y de Pino Montano. De hecho no es raro ver en sus mesas a capataces de Sevilla como Alberto Gallardo o Ismael Vargas, así como al propio capataz de la hermandad del barrio de Pino Montano, Jorge Hernández.

«Tengo aquí adornando la pared una trabajadera de la parihuela antigua de La Lanzada porque el prioste la donó, ya que aquí paraban muchos costaleros de la hermandad», detalla Antonio. Sus anécdotas son interminables. «Además la trajeron andando desde San Martín entre siete, eso sí con sus correspondientes paraítas», puntualiza.

Cofrades y solidarios

«También hicimos un grupo de simpatizantes de Montesión, nos llamaban el comando Pino Montano, que le donamos un varal al paso de palio de la Virgen del Rosario por su coronación y con lo que sobró hicimos una donación a ANDE, y desde ahí la hermandad tiene esa vinculación con los pequeños», desvela.

«Tenemos una clientela muy solidaria», confiesa el propietario del Andalucía.El lado humano de Antonio aflora en el momento menos pensado. Las rifas y tómbolas se suceden. De aquí surge otra costumbre, la del día de Reyes. Al bar llegaban sus Majestades de Oriente para «alegrar a esos niños que no tenían para juguetes».

Antonio montó el bar porque se quedó sin trabajo y siempre le gustó el mundo de la hostelería; eso sí, no siempre fue el bar como es ahora, sino que comenzó siendo una bodeguita pequeña. Su negocio creció al hacerse con el local contiguo hasta ser lo que es hoy.

«Aquí hay buen ambiente», exclama uno de los clientes al tiempo que degusta una de las tapas del Andalucía. Antonio presume de «los mejores caracoles de España», según otro de los parroquianos. Las «magníficas» tortillitas de bacalao o el pescaíto frito. Y todo, con precios asequibles, algo que en tiempos de crisis no ahuyenta a los clientes. Porque para Antonio, su trabajo es «estar con mis amigos»

Ya sea Viernes de Dolores, el día de Reyes o los meses de mayo a julio en los que los caracoles ejercen de perfectos anfitriones, el bar Andalucía, y su propietario Antonio, espera poder sumar «un amigo más» a su lista de habituales.