Nacido allá por 1913 en Fraile, un pequeño pueblo de la provincia de Jaén, Custodio Garrido Cano -llamado así por elección de su padrino- ha visto pasar por sus ojos cien años. Hoy, con un siglo de vida cumplido, contagia su energía rebosante y una alegría inmensa a todo el barrio de San Jerónimo.

«Yo me he dedicado al campo toda mi vida», explica Custodio cuando se le pregunta por su vida, y tanto que es así, ya que hasta hace dos años continuaba arando su terreno allá por tierras jienenses hasta que llegó al Distrito Norte. Él mismo, con perfecta nitidez, cuenta el motivo de su llegada a San Jerónimo. «Estaba terminando unos arbolillos y me caí, entonces mi hija me trajo aquí con ella cuando ya tenía yo 98 años y aquí ando en Sevilla», detalla.

Padre de dos hijos, uno de ellos fallecido, a Custodio todavía le queda algo de morriña por su tierra. «Echo de menos Jaén», afirma. Pero no por ello se encuentra a disgusto, ni mucho menos, en San Jerónimo. «Este barrio es lo mejor, no se pasa calor, es lo que más me gusta de Sevilla, toda la gente es una maravilla, son encantadores, es un barrio muy tranquilo con muy buenas combinaciones. Estoy muy a gusto aquí», enumera.

Cuando se le pregunta por su estado de salud, la sonrisa es la respuesta más inmediata, seguida por un «canela, encantado». Su buen humor y su ánimo, a pesar de haber sufrido fracturas en ambos fémures, han sido pilares fundamentales para que este sevillano de adopción llegue a esta redonda edad. «Yo nací un 10 de junio de 1913 y no me esperaba llegar a cien años. He visto como se iban generaciones mayores y menores que yo», explica.

Descarta al fútbol y a los toros como aficiones y ensalza la lectura y los números como sus distracciones favoritas, y es que Custodio fue al colegio hasta los 14 años. En la actualidad, según relata, dedica todo su tiempo a «pasear, comer y dormir».

En sus cien años de vida, Custodio ha vivido en primera persona la evolución social, económica e histórica del país. «Antes había mucho más respeto, aunque también pasamos muchas fatigas. En general creo que hemos avanzado para mejor», confirma. Eso sí, muestra algunas reticencias a ciertas nuevas tecnologías. «Antes solo se enviaban cartas, yo no sé usar ni el móvil, ni el ordenador. Ahora con estas cosas se sabe todo, de todo el mundo, a todas horas, aunque tiene su lado bueno también por si ocurre algo», matiza.

Un siglo de vida lleva a cuestas el abuelo de San Jerónimo, el hombre más mayor de toda la barriada. Historia viva, Custodio promete seguir dando guerra mientras pueda.