La expresión «Vale un huevo» como coloquial unidad de medida estándar cobra un sentido literal en San Jerónimo. Los vecinos de esta zona del distrito Norte convierten su basura orgánica en huevos. En secreto, unas gallinas bien cuidadas y un programa impulsado por Ecologistas en Acción en el Centro de Ecología Social Germinal Pepe García Rey.

Gracias a «Tu basura vale un huevo», los desperdicios de los hogares de San Jerónimo tienen una segundo uso. La fórmula es sencilla: los vecinos separan en sus casas los desechos orgánicos, los llevan al parque de San Jerónimo donde se convierten en alimento para una veintena de gallinas. Al terminar la jornada, los huevos recolectados son repartidos a los colaboradores. Ecologismo en estado puro.

Según estima la organización, desde 2008 -año en el que arranca esta iniciativa- se han repartido más de 30.000 huevos. Muchas tortillas. «Hemos hecho el cálculo y cada kilo de basura equivale aproximadamente a un huevo, y de media recogemos al año 5.000 kilos de desechos», explica Juan Cuesta, responsable de la iniciativa y secretario de organización de la Federación Provincial de Ecologistas en Acción en Sevilla.

En las regiones mediterráneas en general y en Andalucía en particular, la fracción biodegradable supone prácticamente la mitad de la basura domiciliaria (un 47%) y su gestión sana y sostenible presenta un desafío fundamental para las autoridades locales. «Actualmente los biorresiduos van sobre todo al vertedero o son «compostados» sin separación previa. El producto así obtenido no es un compost con valor comercial ni utilizable en agricultura», detallan los ecologistas.

«Pero mejor todavía que compostar o digerir los residuos biodegradables es utilizarlos como recurso, sin tratamiento previo, volviendo a recuperar el uso que tradicionalmente se le ha dado a la basura de casa, es decir para alimentar unos animales de consumo que generan alimento y excrementos con los que abonar la huerta», añaden.

Con la ayuda de los voluntarios manitas se ha construido un amplio gallinero cubierto de cinco metros cuadrados, con ponederos y perchas, cuidando que se den las mejores condiciones para garantizar el bienestar de los animales.

Se ha dejado alrededor un patio arbolado de 400 metros cuadrados para asueto de las gallinas, donde pueden hacer vida social, asolarse y rebuscar bichillos en la tierra. «De promedio se mantienen unas 20 gallinas, que suelen vivir de media unos cinco años, una cifra lejana a los seis meses de vida de una gallina de explotación», afirma Cuesta.