Ni pizarras digitales ni ordenadores portátiles en las aulas. La mejor forma de asimilar el conocimiento es plantar la rodilla en el suelo y aprender a sacar el fruto de la tierra basándose en la práctica. El programa Huerta de las Moreras cumple veinte años enseñando a los niños del Distrito Norte de Sevilla cómo obtener las verduras de forma ecológica, una actividad que le ha valido en 2012 la medalla de oro de la ciudad.

«Consideramos el parque de Miraflores como un espacio con la suficiente dotación de recursos como para poder ser instrumentalizado como medio educativo», asegura el presidente del Comité Parque Educativo Miraflores, Manuel Lara. Más de 6.000 niños de los colegios de la zona norte de Sevilla han pasado por el programa Huerta de las Moreras en los veinte años que esta actividad lleva en funcionamiento. A esta cifra hay que sumar otros 6.000 niños que visitan este espacio cada año.

Enfocada a adultos, jóvenes y niños, esta iniciativa tiene como objetivo que «los vecinos se sientan partícipes y protagonistas del parque», afirma Lara. Además, «con ella se contribuye a la recuperación de la identidad agrícola e histórica de los terrenos macarenos, casi olvidado por el acelerado crecimiento urbano de Sevilla en los últimos 40 años».

El programa Huerta de las Moreras está compuesto por cuatro iniciativas ideadas para dar respuesta a las necesidades del barrio: huertos escolares, con el que se enseña a los niños de 5º de Primaria a trabajar la huerta; huertos de ocio, en el que los mayores de barrio tienen a su disposición 150 metros cuadrados donde realizar sus plantaciones; itinerarios pedagógicos, donde se gestionan las visitas de grupos de niños al parque; e invernadero joven, la última idea de la asociación pensada para ampliar los conocimientos de los escolares que ya han participado en los huertos escolares.

De la teoría a la práctica

«Nuestro proyecto refuerza los conceptos teóricos que los niños aprenden en la escuela; complementamos esos conocimientos haciéndolos prácticos», explica la profesora de Invernadero Joven, Ana Morgal. «Los niños aprenden el trabajo que tiene conseguir el alimento, desde la semilla hasta que llega a la mesa», destaca la docente.

En el programa Huerta de las Moreras, padres, madres y hortelanos se convierten en improvisados voluntarios a través de los que se articula el traspaso de conocimiento. «Eso facilita a los niños que tengan otro tipo de relación con los adultos, en un contexto diferente», añade Morgal. «Además, los menores establecen con el parque una relación más allá que como usuarios que solo transitan,  gracias al trabajo en el huerto los niños crean lazos afectivos con el entorno, lo que ayuda a la conservación del mismo», detalla la profesora.

Los liños se convierten en pupitres improvisados. La lección no se imparte en la clase. Los escolares palpan el conocimiento en el parque de Miraflores. El programa Huerta de las Moreras se convierte cada tarde en un gran aula ambiental.