El apellido baila en la memoria de los vecinos más antiguos de Aeropuerto Viejo. Algunos la llaman Samuiska cuando en realidad es Zamoyska. El nombre está claro, Teresa. Sus atenciones a los más desfavorecidos de este barrio de la zona norte de Sevilla todavía son recordadas y narradas. A algunos les pagó la primera comunión, a otros los llevaba al cine a ver a Pulgarcito y, para muchos, fue la persona que los enseñó a leer.

El Rey Juan Carlos I con Teresa ZamoyskaTeresa Zamoyska, la benefactora de Aeropuerto Viejo, hace años que no pisa esta zona de Sevilla. Los mismos que hace que ingresó en el convento de las Carmelitas Descalzas La Aldehuela de Getafe. El 2 de noviembre de 1963, su toma de hábitos como hermana Rocío fue cuestión de Estado. Entre los invitados estaba el príncipe Juan Carlos -ahora rey-, primo de la contrayente, acompañado de Sofía de Grecia. También estuvieron presentes su madre, la Infanta Isabel Alfonsa y su tía, doña María de las Mercedes, Condesa de Barcelona.

«Recuerdo como doña Teresa puso un autobús hasta Getafe para la toma del hábito», recuerda Ángeles Zamora Molina, una vecina de Aeropuerto Viejo. «Yo no pude ir porque no me dejaron mis padres», relata. «Pero fueron muchos vecinos», detalla.

Las crónicas de los diarios, que dedicaban artículos al evento, no repararon en ese grupo de vecinos que acumulaban horas de viaje y un sinfín de anécdotas con su «infanta» Teresa. «Una bisnieta de Alfonso XII, Carmelita», titulaba el diario ABC.

Su fe era más que evidente para los vecinos con los que compartía el día a día. «Era muy católica», confirma Ángeles, a quien le unía una gran amistad. «Íbamos andando por el canal hasta su casa, en el Cortijo de los Curas, allí impartía catequesis al mismo tiempo que nos enseñaba a leer y escribir», explica.

«Recuerdo que cuando hice la primera comunión ella corrió con todos los gastos, los vestidos, las estampitas y el desayuno para todos», detalla Ángeles. «Todavía recuerdo los mocasines blancos de goma», añade. «También íbamos al cine a la Gota de Leche. Todavía me acuerdo que me harté de llorar viendo Pulgarcito».

Teresa ZamoyskaPero su vínculo iba más allá de su relación con los niños. Médicos, medicinas, alimentos… «Vivía cerca y veía las necesidades», explica esta vecina de Aeropuerto Viejo. «Ayudó muchísimo y nosotros sabíamos valorar lo que ella hacía», rememora. «En el barrio todo el mundo habla bien de ella». «Con la arriada de la Corza, con la Operación Clavel, preparó unas cajas con comida para repartirlas a los vecinos».

Pero la relación de Aeropuerto Viejo no se limita a Teresa Zamoyska. Los vecinos de este barrio también tuvieron acceso a parte de la familia Real. «La madre -la Infanta Isabel Alfonsa- era alta y jaquetona, y fumaba Ideale», recuerda Ángeles. «Tenía un mechero de piedra y cuerda», detalla.

Hoy, cincuenta años más tarde, Teresa Zamoyska -hermana Rocío- sigue su clausura en el Monasterio del Corazón de Jesús y San José de La Aldehuela. Pero la foto de «doña Teresa Samuiska» aguarda en un gran álbum de fotos junto con los primeros colonos de Aeropuerto Viejo. Sus historias siguen vivas en la memoria de sus vecinos.