El taller de restauración de muebles del distrito San Pablo-Santa Justa es uno de los más demandados, ya que casi todos los años cuenta con una larga lista de espera. Actualmente lo compone un grupo de entre 25 y 30 alumnos, de todas las edades, que trabajan con la finalidad de aprender a reparar el viejo mobiliario, dándole así una segunda oportunidad a estos muebles.

Al frente del taller está el monitor Agapito Martín, un técnico en ebanistería que lleva impartiendo estas clases desde el año 97 «con la suerte de que han sido muy bien aceptadas por parte de los sevillanos», afirma. Una de las claves del éxito, posiblemente, está en que «en el taller se personaliza el aprendizaje a cada alumno aunque eso no excluye que, si hay una pregunta interesante, se haga una explicación en global», declara el monitor.

Martín explica que no es necesario un nivel previo para iniciarse en la restauración de muebles, ya que el taller «está enfocado al trabajo que cada alumno quiera realizar, bien sea una silla, una mesa o una descalzadora, y se aplican técnicas muy distintas dependiendo del estado en el que se encuentre el objeto en sí». A este respecto añade que «esto no es una evaluación, es un aprendizaje para que los alumnos puedan realizarse, y nadie ejerce presión. Cada uno trabaja a su ritmo. Así, hay alumnos que necesitan dos cursos para terminar su trabajo y otros que  lo hacen en 72 horas».

Los miembros del taller, con un perfil predominante de mujeres, aprenden el uso de herramientas como el serrucho, los alicates, las tenazas, así como la lija adecuada a cada mobiliario. Las técnicas van desde el decapado y lijado en bruto hasta la sustitución de alguna pieza deteriorada que tenga el mueble. También se abordan distintos métodos de acabado, bien sea a la cera, a muñequilla o mediante el pintado-lacado.

El monitor recueda que en los últimos años se han restaurado «muebles de gran envergadura y valor» y entre ellos señala «un bargueño del siglo XIX al que le faltaban algunas piezas de ébano, así como un arca del siglo XVIII». No obstante, «también se han reparado muchas mesitas de noche, sillas y otros enseres menores, que son más fáciles de transportar para los alumnos», añade.

Sea el objeto que sea, Agapito Martín siempre anima a sus alumnos a que «expongan su trabajo en la clausura de los talleres del distrito, pues ahí es donde mejor se ve que ellos han aprovechado el tiempo en clase y que yo he sabido enseñarles algo valioso», concluye.