Ventura Franco es uno de esos hombres cuyas vivencias personales darían para escribir más de un libro. Es un galán, un seductor como los que se ven en el teatro o en las películas y, en definitiva, «un artista». Afirma que «desde chico ya me gustaba mucho coger un lápiz y garabatear cualquier cosa» aunque, antes de llegar a la pintura, despuntó en otras disciplinas.

Ventura llegó al Distrito San Pablo-Santa Justa en el año 89 y desde el 96 tiene instalado su taller en la calle Pedro Muñoz Seca. Se trata de una calle especial para él, ya que recientemente ha inaugurado el rótulo que él mismo ha pintado como «obsequio y reconocimiento» al abuelo del escritor y periodista Alfonso Ussía, por el que confiesa que siente gran admiración, y «por los 16 años que llevo pintando en esta calle», concluye.

Sus técnicas van desde el óleo al esmaltado del azulejo pasando por los retratos al pastel, aunque asegura que «es el azulejo el que me ha dado de comer». De hecho, son muchos los bares de los barrios colindantes y del resto de Sevilla que cuentan con un mural de azulejos firmado por Ventura Franco. «Los azulejos de la cadena «San Eloy» son míos; también he decorado «Casa la viuda», en la calle Albareda y próximamente se colocará en la Plaza de San Leandro una obra mía, Santa Rita de Casia».

Hoy día es todo un referente en la pintura, sobre todo en cerámica, aunque asegura que «nadie me enseñó a pintar. Lo poquito que sé lo aprendí yo solo, pero me gustaba mucho, así que en el 82 me compré un horno y me lancé a la aventura».

No obstante, su trayectoria profesional empezó mucho antes, pues «desde los siete años me estoy ganando el pan con lo que sé hacer», recuerda el artista. Cuenta orgulloso cómo a esa corta edad fue uno de los últimos niños que cantó una novena con orquesta a la Virgen del Valle y al Cristo de la Coronación de Espinas, «justo antes de que el cardenal Segura prohibiera la música orquestal en las iglesias» añade, y explica que gracias a su voz «conseguí entrar en los Seises, donde permanecí hasta los 14 años».

Entres sus vivencias destaca que fue uno de los miembros fundadores de la Hermandad de los Javieres y que, posteriormente, trabajó como acomodador en el Teatro Imperial, donde conoció a numerosas artistas y personajes de la farándula que le dedicaron cariñosas palabras en fotografías que actualmente expone en su taller.

A sus 79 años cumplidos Ventura echa la vista atrás y reconoce que «he sido y soy un hombre muy feliz». Y es que, a estas alturas y con la que está cayendo, tan sólo puede lamentarse de que «en mi familia no hay nadie pintor».