La zona de Santa Justa comprendida entre José Laguillo y la calle San Juan Bosco es una de las muchas afectadas en Sevilla por la invasión de «gorrillas». Se trata de un barrio saturado de coches y con escasez de aparcamientos. El ir y venir de vehículos buscando plazas libres es un hecho frecuente. Especialmente a primeras horas de la mañana, se multiplica la presencia de personas a lo largo de las calles indicando dónde aparcar y solicitando propina por ello.

José Luis, que trabaja en el barrio y aparca todos los días en la zona, cuenta a Sevillaciudad.es que «por la mañana suelen haber sobre todo vovis y por la tarde llegan los gorrillas. El primero lleva mucho tiempo y lo suele conocer el vecindario mientras que el segundo está según los días». «Los comerciantes y los vecinos son menos tolerantes con estos últimos», aclara.

Los que más tiempo permanecen proponiendo aparcamientos son prácticamente en su totalidad inmigrantes que hablan el español con dificultad. Manuel, que debe aparcar en torno a la calle Esperanza de la Trinidad para recoger a su sobrina del instituto, hace una distinción entre estos «gorrillas» y los de otras zonas: «los otros son drogadictos que van de mala manera y estos se ve que se están ganando la vida para comer».

Y es que el vecindario está empezando a convivir con los aparcacoches y a resignarse a su presencia. José Antonio comenta que siempre son los mismos los que están en la calle. El joven en concreto, tiene plaza de garaje en su vivienda, pero ve con frecuencia como los vecinos tratan con naturalidad a los inmigrantes que piden dinero. «He escuchado las conversaciones y se ve que se conocen, que siempre son los mismos». Cuenta cómo normalmente los vecinos dejan incluso los coches en doble fila y les piden a los «gorrilas» que les echen un vistazo y les avisen si hay algún problema.

A pesar de esta clima de resignación, son muchos los vecinos indignados por tener que pagar por aparcar en su propio vecindario. Es el caso de Alejandro, quien no ve con buenos ojos esta práctica tan frecuente. «Yo ya pago el aparcamiento con mis impuestos, de modo que ese trozo de carretera no es de ellos, y dándoles dinero lo único que hacemos es fomentar una situación ilegal», sentencia.