Llega la celebración de la Cruz de Mayo de la asociación Nuestro Padre Jesús de la Salud y será la primera vez que San Pablo viva esta fiesta sin el «Kirri». Una orfandad que los vecinos han querido recordar con un torneo de fútbol que se convierte en el I Memorial a Francisco Muñoz Machío.

Las instalaciones deportivas Polígono San Pablo acogían en la tarde de ayer un torneo de fútbol en el que participaban el Club Deportivo Tarso, la Unión Deportiva Unidad y Amigos del Kirri. Pero en este campeonato no había favoritos ni se pretendía ensalzar a un campeón ya que el verdadero homenaje no era para los que corrían por el terreno de juego sino para Francisco Muñoz Machío.

La asociación Nuestro Padre Jesús de la Salud debe prácticamente su existencia al que apodaron como el «Kirri» y que nos dejó el año pasado. Por ser estos los días grandes de la asociación y de su Cruz de Mayo, los amigos de Francisco Muñoz Machío han querido dar el hueco que se merece a quien lo dio todo por la asociación. De ahí la idea de comenzar la celebración de esta Cruz con un torneo de fútbol convertido en el I Memorial a Francisco Muñoz Machío, el «Kirri».

Francisco Javier Muñoz, hijo del «Kirri», era uno de los muchos que ocupaban un sitio en el graderío de las instalaciones deportivas. Los sentimientos eran contradictorios, «es muy raro, porque siento alegría por ver a gente que hace años que no veo y que están aquí recordando conmigo a mi padre, pero por otra parte, es como si no estuviese aquí, mi cabeza esta en otra parte, pienso en mi padre y también en mi madre, la pobre» decía.

Aunque el ambiente era de fiesta y la ilusión por homenajear al que siempre será padre de esta asociación se sobreponía a su ausencia, Francisco Javier, al igual que muchos de los presentes, tenía claro que «lo estamos pasando muy bien, dentro de lo que cabe, pero no se olvida que falta el que falta». Y para recordar esa «falta», que no caiga en el olvido y siempre quede en la memoria del barrio quién fue Francisco Muñoz Machío, dos equipos del barrio y uno formado por amigos y allegados de la familia Muñoz, sudaban la camiseta y, mirando al cielo cada vez que la pelota entraba en la arquería, demostraban que lo que unió el «Kirri» seguirá unido para siempre.