Los 24 ancianos de la residencia San Francisco Javier, en el Polígono San Pablo, han sufrido el robo de cobre hasta en tres ocasiones en apenas cuatro meses, lo que ha obligado al edificio a realizar unas reformas para proteger su instalación eléctrica, unos trabajos que recientemente han terminado.

La directora de la residencia y de la unidad de día, Ángela Puertas, ha declarado que «el primer robo lo sufrimos en el mes de agosto, el segundo en noviembre y el último a finales de diciembre, llevándose los ladrones cables de cobre en dos de las ocasiones y, en la última, arrancaron incluso los de alumnio trenzado, lo que ha provocado que los mayores permanecieran a oscuras durante más de 12 horas».

En todos los casos, el delito se ha llevado a cabo por la noche: «En algunos casos nos hemos dado cuenta de que estábamos sin luz de madrugada, cuando algún usuario de la residencia ha dado la voz de alerta y en otros ha sido al amanecer, pues al subir a la azotea nos hemos percatado de que se habían llevado los cables», ha explicado Puertas.

Esta situación mantiene «bastante intranquilos» a los ancianos, según ha señalado la responsable de la residencia, quien ha añadido que se han producido sucesos similares en bloques y domicilios particulares del barrio E y D del Polígono San Pablo, «robando incluso las puertas de chapa de los contadores del agua de algunas comunidades de vecinos».

La directora ha manifestado que «la policía viene cuando se le avisa» pero ha insistido en que la presencia policial «debería ser mucho más continua en el barrio», pues ha denunciado un foco de delincuencia en en la calle Soledad Miranda, donde se concentran «jóvenes bebiendo y fumando porros detrás de la parroquia de San Francisco Javier, que hacen sus necesidades en los soportales de la vía y que arrojan botellas vacías o sustancias ilegales a través de la valla de la residencia en cuando vislumbran presencia policial para que no los pillen con ellas».

Ángela Puertas ha manifestado que «los ancianos no se atreven a salir solos ni a pasar por esa calle», por lo que «sólo abandonan la residencia acompañados por sus familiares». No obstante, la directora ha querido dejar claro que se trata «del único problema en el barrio», una zona en la que «los vecinos son todos encantadores y en el que hay algunos puntos negros, como en cualquier otro barrio obrero».