La puertas del taller de carpintería de la casa salesiana «Jesús Obrero» del Polígono Sur están abiertas a cualquiera, da igual la edad, el sexo, la condición, en este lugar hay hueco para todos. Es un taller que va dirigido normalmente a jóvenes que no tienen ocupación, destinado a adolescentes que «están tirados en la calle». Pero no sólo es la juventud la que dedica su vida a malas costumbres, por eso Ricardo Rodríguez, profesor del taller, dice que «esta es la casa de todos, si alguien quiere entrar, puede hacerlo, siempre va a ser bien recibido, yo le voy a dar el material necesario y le voy he enseñar el trabajo de carpintero».

Lo que hace Ricardo es trabajar por y para las personas sin pedir nada a cambio, no tiene intereses económicos, ni quiere reconocimientos, sólo quiere devolver lo que la familia salesiana un día hizo por él. «Yo estaba desempleado, estaba un poco perdido, sin rumbo en la vida, un día llegó mi hermano y me llevó a la parroquia de Jesús Obrero, allí me formaron como carpintero, pero es que además, encontré una comunidad en la que se hacían reuniones familiares, actividades y me acogieron como uno más».

Así que para mostrar su agradecimiento, presentó el proyecto del taller de carpintería con el que ayudaría a gente en situaciones complicadas. Se lo concedieron y poco a poco fueron poniendo en marcha la iniciativa. Primero una asociación de vecinos les cedió un local, luego lo pintaron, lo acondicionaron, hasta las maquinas que usan para trabajar la madera están hechas por lo miembros del taller. Con mucho esfuerzo han ido consiguiendo resultados. Demuestran ser un gran equipo «pensamos los unos en los otros, yo, por ejemplo, trabajo para una empresa de carpintería y a veces les paso faena a los alumnos que están en paro para que se ganen algo de dinerillo», desvela Ricardo.

Una familia en la que se reconoce la perseverancia «cada pieza realizada en el taller es digna de ser enseñada y expuesta, es mi manera de motivar a los chavales, mi manera de animarlos a seguir viniendo y a que se enganchen con esta profesión tan bonita», declara Ricardo. Donde se exponen lo trabajos no es un sitio cualquiera, las piezas son para el paso de la Agrupación Parroquial «Bendición y Esperanza». «Queremos que la gente del barrio sea participe de las tradiciones de nuestra tierra, tanto es así que con nuestras mismas manos estamos construyendo nuestro misterio». Ricardo piensa seguir al frente del taller lo años que hagan falta y va a seguir ayudando a todo el que se acerque, «lo que yo recibí en su día se lo quiero ofrecer a los demás».