Estudian en la Universidad Pablo de Olavide y se alojan en la residencia «Flora Tristán» o trabajan en centros escolares, de salud o sociales. Y tienen el denominador común de pasar gran parte de cada día en el Polígono Sur, concretamente en la zona de los seis barrios que conforman ese núcleo en el que se encuentran las barriadas de Murillo, Martínez Montañés, Las Letanías, La Oliva… lugares que muchos consideran tabú pero que desde el Comisionado para el Polígono Sur se viene luchando por la integración y por la apertura.

Desde hace cinco años, la residencia «Flora Tristán» viene organizando la llamada «recogymkana» en el que estudiantes y funcionarios allí destinados conocen cada parte del barrio: sus calles, los vecinos, las asociaciones, los comercios y todo aquello que sirva para tener más contacto en el lugar donde se desenvuelven. Cuenta con el apoyo del Comisionado para el Polígono Sur y con la Universidad Pablo de Olavide.

Ayer era el día. El Centro Cívico «El esqueleto» fue el punto de encuentro de más del medio centenar de personas que recorrieron el barrio. Junto a ellos, los becarios «veteranos», esto es, aquellos estudiantes residentes en la «Flora Tristán» que, al igual que los compañeros de ayer, vivieron esta misma experiencia bien el año pasado bien hace unos años y que actuaban de «cicerones» para los nuevos.

También estaban presentes la comisionada para el Polígono Sur, María del Mar González; la vicerrectora de Cultura, Participación y Compromiso Social de la UPO, Elodia Hernández, y el director de la «Flora Tristán», Juan Flores, quienes acompañaron a estudiantes y funcionarios.

Seis grupos -uno por cada barrio- para recorrer sus calles, asociaciones y comercios. Mucha animación por parte de todos. Como en el caso de Sofía Álvarez, de Gijón, estudiante de Trabajo Social y una de las encargadas de hacer de guía. «Llegué a Sevilla el pasado año, justo cuando después de producirse aquel nefasto tiroteo en el que murió una niña. Tuve que convencer a mis padres, que lo pasaron muy mal al principio porque creían que venía al infierno. Pero la realidad es bien distinta a lo que se ve por televisión».

Y va a más. «Me gusta estar aquí porque diariamente hablo con los vecinos y conozco a mucha gente. Es verdad que hay zonas muy degradadas, pero entre todos podemos hacer que este barrio, en el que vive gente extraordinaria, sea mejor».

«Un barrio de todos»
La comisionada señala a los que van a realizar la visita que se trata de «un barrio que acoge, abierto y que quiere ser mucho más abierto. Queremos que conozcáis su urbanismo, sus gentes, sus centros. Este barrio es de todos y si queréis, os hará suyo. Ya veréis cómo es un barrio distinto al que os han dicho».

Comienza la recogymkana. Los seis grupos marchan para cada zona asignada. En los «Verdes» va Lola, profesora del Instituto Romero Murube que a diario enseña a alumnos que viven aquí. «Soy gaditana pero llevo viviendo y trabajando en Sevilla desde 1987. Vengo a esta visita para conocer el barrio donde trabajo. La zona que estamos viendo me parece que está mejor que creía. Es verdad que hay otras peor, pero imagino que se trabaja para que todo sea mejor».

Refiere, cuando pasamos por la parroquia de Jesús Obrero y el Centro Social de San Juan Bosco, «la importancia de la Iglesia en barrios como éstos. Es algo que no está pagado con nada».

En las aceras, corrillos de familias; en las plazoletas de la calle Padre José Sebastián Bandarán, chavales que juegan y que se acercan al grupo preguntando qué hace. O la niña casi adolescente que le pregunta a la comisionada -en silla de ruedas al llevar un pie escayolado- quién es. Miradas de jóvenes que «trastean» el motor de un coche.

Gallinas y gallos por las calles de la zona de «Los Verdes» y gente que se acerca y habla con los visitantes. Otra de las becarias veteranas sigue explicando la idiosincrasia de cada calle, de los locales comerciales de esa zona donde, interrumpe la comisionada, «hay un bar que ponen un chocolate con churros para chuparse los dedos».

Continúa la visita que luego se plasmará en el intercambio de pareceres de cada grupo sobre cómo han vivido esta primera experiencia que, a buen seguro, se les queda en la memoria.

Los vecinos contemplan desde sus casas a los grupos. La mayoría ya sabe qué vienen a hacer: conocer la realidad del lugar donde tienen su residencia o trabajan. Están descubriendo el Polígono Sur de la mejor manera posible, estando con ellos, conociendo su realidad, implicándose en sus anhelos y ayudando a que el barrio sea uno más de Sevilla.