Pies descalzos, faldas llenas de monedas, un top, la barriga al aire y a mover la cadera, esta es la escena que se vive en el centro deportivo del Tiro de Línea, en el distrito Sur, cada martes y jueves en el taller de danza del vientre. El cuerpo de las alumnas parece desmontarse cada vez que hacen un movimiento, tan sólo les ha hecho falta siete meses para ser auténticas bailarinas de las Mil y una noches.

Carolina Rodríguez Roldán es la encargada de enseñar a las alumnas este baile milenario. Ella lleva nueve años practicándolo y es una experta en la materia, pero va más a ella, ella no sólo enseña las coreografías, ella siente en su interior lo que hace y es lo que trasmite a las jóvenes aprendices. «Hay dos maneras de bailar, una hacia dentro y otra hacia fuera, a la danza le uno lo que conozco acerca de terapias alternativas y meditación y consigo un resultado completo para el cuerpo y la mente», declara la profesora. Por lo que cada clase se convierte en una renovación personal para cada asistente.

Renovación personal y física, al iniciar la clase realizan una serie de estiramientos «ellas me preguntan siempre que cómo pongo la cadera en el otro lado y es que para lograrlo lo primero que hay que hacer es un buen estiramiento, con esto conseguimos bascular la pelvis, estirar todos los músculos y además, cuando haces esto estás trabajando los hemisferios del cerebro y la mente se abre para sentir la técnica de la danza del vientre que van a realizar posteriormente», con esta explicación se vislumbra que para Carolina la danza del vientre no sólo es baile.

«No son sólo baile», dice la maestra, y así lo corrobora una de las alumnas, Elena Martín, «no sólo vienes a bailar, además del buen ambiente que tenemos entre las compañeras y el rato tan agradable que compartimos, acabamos totalmente relajadas y cargadas de energía positiva». Y es que tras una hora y media de ejercicio, Carolina las sienta a todas y comparten un momento de meditación

La opinión de Elena es generalizada, y ella y todas sus compañeras estarían dispuestas a repetir la experiencia el año que viene. Ahora, cuando está a punto de acabar el curso, ensayan la coreografía final y comentan que ya pueden presumir de saber bailar esta danza tan sensual y atractiva.