Ha llegado la hora de enfundarse el traje de flamenca, ponerse los pendientes, colocarse la flor, sujetarse el mantón e irse para la feria. No hay nada mejor para sentirse guapa en estas fechas que estrenar un buen traje de gitana, pero no siempre es posible contar con esta opción debido a la economía. Por eso muchas mujeres optan por llevar sus trajes a la costurera para «customizarlos», un arreglo por aquí y otro por allá y como nuevo.

Esta segunda opción es cada vez más popular entre las amantes de la moda flamenca. Isabel Canseco, propietaria de la tienda de arreglos Isade, da buena fe de ello,  no puede enumerar la cantidad de trajes que le han llegado para retocar en lo de los últimos meses, dice que más de 100 seguro. «No puedo decir un número exacto, digo más de 100, pero pueden ser más de 200 y 300, son tantos porque yo llevo cogiendo este tipo de trabajo desde enero».

Lleva 18 años con el comercio abierto en la calle Doctor José María Bedoya, asegura que durante todo el año tiene mucho trabajo porque lleva mucho tiempo en el barrio y ya la conocen, pero en estas fechas está desbordada. «Menos mal que tengo la ayuda de mi hija sino sería imposible sacar este volumen de trabajo». Abre la tienda a las 9 de la mañana y acaba a las siete de la tarde, pero confiesa que desde hace más de un mes cuando cierra las puertas al público se queda trabajando dentro en el taller hasta la media noche «esto me pasa porque cojo trabajo hasta el último día, ayer mismo, Lunes del Pescaíto, recibí algunos encargos».

En los último años ha notado que la gente compra menos trajes nuevos y arregla los antiguos, pero lo que más ha notado es que las clientas se preocupan más que antes por el precio «hace unos años se soltaba el dinero con mucha alegría, ni siquiera me preguntaban cuanto les iba a costar, ahora es lo primero que me preguntan, incluso entramos en el regateo».

Aun así, los precios son asequibles, desde que 15 a 50 euros. «Lo que más me piden es que le saque o le meta al traje, eso puede costar 15 euros, aunque este año las mujeres han optado por enseñar el canalillo porque estoy bajando muchos escotes», comenta entre risas. Ha puesto mangas, decorado los trajes con tiras bordadas, madroños y encajes, y todo esto por un precio máximo aproximado de 50 euros, una segunda opción muy económica para sentirse bella en la feria.