Las paredes de Casa Palacios albergan miles de historias, además de la suya propia que comenzó a forjarse en el año 1926. Es el establecimiento más antiguo del sur de la ciudad, ha sobrevivido al paso del tiempo, intacto, mismo suelo, mismas puertas y algún que otro legendario mostrador. Generaciones de sevillanos han podido disfrutar de los alimentos de este reconocido comercio gracias a que la familia Palacios se ha traspasado el legado de padres a hijos.

Todo comenzó cuando el soriano, Blas Palacios Martínez, decidió probar suerte y montar un negocio en la ciudad de Sevilla con motivo de la venidera Exposición del 29. Desde ese momento ha tenido una actividad imparable y lo han regentado varios descendientes del fundador. El sucesor de Blas fue su hijo Severo Palacios y su nieto Juan Palacios. Tras ellos lo heredó Juan Manuel Fernández Palacios, padre del actual dueño, Juan Manuel Fernández Pérez.

Juan Manuel Fernández Palacios cuenta que nunca se ha movido del barrio del Porvenir, es muy conocido entre los vecinos, pero es que además de ser una persona muy amable, ha sido siempre el encargado repartir en los domicilios los pedidos de los clientes. Así ha funcionado toda la vida este local, mitad tienda de ultramarino, mitad taberna. «Hemos servido comida en todas las partes de Sevilla, nuestros productos siempre han tenido muy buena fama». La popularidad de Casa Palacios ha sobrepasado los límites y su jamón ha formado parte de mesas presididas por miembros de la familia real.

«La madre del Rey, en una de sus visita a Sevilla, se hospedó en casa de un conocido Marqués de la ciudad, nada más llegar dijo que quería comer jamón de Casa Palacio, cuando me lo contaron no cabía en mi de gozo», son las palabras de Juan Manuel, que cuenta con mucho orgullo esta anécdota. Dice que abrió jamón tras jamón hasta dar con el adecuado y el que para él era el más bueno. «A la tercera fue la vencida y ese fue el jamón que le mandé, y al parecer le gustó, porque al día siguiente me lo agradeció invitándome a una corrida de toros en la Maestranza».

Relatos escondidos en este local de la calle Porvenir, que de vez en cuando salen a la luz entre los recuerdos de Juan Manuel y aquellos antiguos clientes del bar que lo visitan. Hablan de lo que ha avanzado todo, de cuando ni si quiera existía, o nadie conocía, el jamón de york,  de cuando el membrillo se despachaba en fiambreras o aquellos tiempos en los que el aceite no estaba embotellado y ellos lo comercializaban a granel. De aquellos tiempos queda muy poco, pero Casa Palacios sigue manteniendo su encanto. Hoy día de la mano Juan Manuel Fernández Pérez evoluciona con los tiempos, pero tiene su peculiar e inconfundible sello.