De una mesa de cocina a una mesa de mezclas, del sonido de sartenes y fogones al sonido de la música electrónica,  de cocinero a dueño de su propia empresa, esta es la historia de David Suárez Romero, un joven que a sus 35 años cumplió uno de los grandes sueños de su vida. Tesón, trabajo, esfuerzo, constancia y sobre todo singularidad a la hora de emprender. Él es el artífice de un proyecto que no existe en ningún punto de Andalucía. David es el fundador de Proaudio, escuela de música electrónica.

Este joven del Polígono Sur, estuvo trabajando durante muchos años en la cocina de un conocido restaurante. Compatibilizaba el trabajo con su otra gran pasión, la música. Desde pequeño ha tocado diferentes instrumentos pero finalmente se especializó en la música electrónica. Estudió técnico de sonido, trabajó de DJ en distintas discotecas de Sevilla, pero su afán por seguir formándose hizo que se diera cuenta que era muy complicado encontrar un lugar donde enseñaran a hacer música. «Proaudio nace por las dificultades que me surgieron a mí a la hora de aprender, encontré un vacío formativo. En muchas escuelas forman para manejar programas pero en ninguna para crear música, para mí fue un chasco enorme y pensé: si no lo hace nadie lo haré yo».

Así surgió todo y en el mes de marzo 2012 su escuela fue una realidad en la calle Virgen del Valle, en los Remedios. Comenzó con cuatro cursos, ahora presume de tener ya 26 programas diferentes, entre ellos el de Ableton Live, producción de música electrónica, autoproducción para grupos musicales o el de vídeo, entre otros. Poco a poco su centro se ha convertido en una escuela multimedia «así ha ido surgiendo por la demanda de la gente». Todos estos cursos están impartidos por profesores de reconocido prestigio y con una amplia experiencia profesional.

Proaudio lleva una trayectoria de vértigo, todo gracias al esfuerzo y a su capacidad para afrontar los nuevos retos, él es director, profesor, administrativo y comunity manager de su empresa, no le pesa ninguna de estas funciones porque es la ilusión de su vida, sólo hay que ver con la alegría que imparte las clases para saber que lo que cuenta es verdad «He trabajado muchas horas para hacer realidad mi sueño, más de catorce horas diarias, pero ha merecido la pena, aunque reconozco que me metí tanto en el proyecto que me he dejado muchas cosas en el camino».

Todo aquel que quiera probar su método para nuevas salidas profesionales puede hacerlo acudiendo a las master class que ofrece gratuitamente una vez al mes, tan sólo hay que entregar un kilo de comida que se destinará al Banco de Alimentos. Una idea que viene motivada por el lado solidario, que tiene muy desarrollado gracias a su educación, de este joven emprendedor del Polígono Sur.