«Amor, motivación y sobre todo unos buenos ingredientes, la materia prima es lo principal para que un postre salga bueno» estas son las palabras de Blanca y Caridad Padura, dos hermanas que se dedican a la repostería artesanal en nuestra ciudad. Como buenas cocineras no quieren desvelar el secreto de sus sabrosos postres. Desde el año 2002 están al frente de su empresa Blan&Ca dedicada a la elaboración de dulces.

Ni siquiera habían cumplido la mayoría de edad y ya trabajaban en la cocina de un hotel familiar que tienen en Tarifa. Su pasión por los fogones comenzó en este pueblo costero de Cádiz. Todos lo veranos aprovechaban las vacaciones para ayudar a sus padres en el negocio familiar. «A los clientes les encantaban los postres que hacíamos, tanto es así que a veces bajaban nada más a tomar el último plato». Movida por este éxito, Blanca decidió hacer la carrera de hostelería en Suiza. Tras los años de estudio volvió España y se puso a trabajar. Caridad por su parte curso biología y se dedicó profesionalmente a esta materia. Hasta que llegó un momento en sus vidas en el que las dos se quedaron en paro y decidieron montar el negocio. Destacan, que de manos de su madre, Caridad Núñez, aprendieron todo lo que hoy saben y  motivadas por su padre emprendieron esta andadura empresarial. «La verdad es que nuestros padres han sido pilares fundamentales en el proyecto, siempre nos han animado, incluso cuando hemos tenido altibajos nos han apoyado». Con altibajos no se refieren a momentos de crisis en el negocio porque reconocen que siempre les ha ido muy bien, lo dicen por lo complicado de compaginar la vida familiar y laboral. Cada una tiene dos hijos y le tienen que dedicar mucho tiempo, pero ellas son un tandem perfecto y han sabido organizarse cuando lo han necesitado.

Su centro de trabajo es la cocina de la casa de sus padres que se encuentra situada en el distrito Sur, «la cocina de casa es muy grande y ahí desarrollamos nuestro trabajo». Semanalmente hablan con los restaurantes a los que sirven, entre ellos Puerta Caleta, Doña Clara, Pacífico, Casa Alta o Ignacio Vidal,  para saber cual es la cantidad de postres que necesitan, normalmente unas 50 tartas, y conforme al plan semanal elaborado realizan las compras. «Nuestro productos son todos frescos, sin conservantes, ni colorantes, los hacemos para el día». Insisten en la calidad de los ingredientes, por lo que cuentan, invierten mucho tiempo en las compras. «Somos muy puntillosas» entre risas declaran que hay veces que asaltan los jardines de sus amigas para coger los limones del árbol «son los mejores limones para nuestra tarta de limón con base de galleta» declara Blanca.

Sus especialidades la tarta de queso, la de chocolate y la de dulce de leche y sus mayores fans son sus hijos, aunque desvelan que más de una vez cuando han estado en uno de los restaurantes para los que trabajan «hemos puesto el oído para ver que dicen del plato final». De los comentarios están muy orgullosas pero no se pueden desvelar, porque por lo que dicen, lo asemejan con un placer complicado de describir.