Allá por el 1936, un niño de seis años, llamado Pepe Tejada, vivía la Navidad de una manera muy diferente a las que se viven ahora. Ni mejor ni peor, pero si con un encanto distinto, como él nos cuenta. Residía con sus padres y su hermana en una corrala de vecinos, en el Corral del Agua. Una familia compuesta por cuatro miembros a la que en realidad pertenecían los 84 vecinos que habitaban en la vivienda.

«Eso si que era convivencia, podías contar con la familia de la puerta de al lado para lo que fuera», estas son palabras de Pepe que recuerda aquella época con mucha añoranza.  Hogares que apenas alcanzaban los 30  metros cuadrados, donde vivían familias enteras, y los cuartos de baños eran compartidos por todos. «Cuando llegaba la nochebuena montábamos una fiesta muy buena». Como cuenta Tejada, cada uno cenaba en su casa, pero al finalizar el tradicional festín se reunían todos en el patio común de la casa. Cada uno acercaba lo que buenamente podía y allí cantaban y bailaban hasta altas horas de la madrugada.  «Encendiamos una hoguera para entrar en calor y tomábamos mantecados y chocolate caliente, aunque no teníamos grandes lujos nos lo pasábamos muy bien», declara Pepe.

La noche de fin de año, nada tienen que ver con las de actualmente. Nada de impresionantes modelos, ni grandes fiestas, ni cenas tan suculentas como las que presiden las mesas la última noche del mes de diciembre. Eso si, las populares doce uvas siempre han existido. En aquellos años escuchaban las campanadas por la radio. Las tecnologías fueron evolucionando, y aparecieron las primeras televisiones, todos los vecinos se revolucionaron cuando vieron entrar por las puertas de casa de Pepe una televisión de la marca Vanguard«La primera televisión que hubo en la corrala fue la de mi casa y allí recibíamos a todos los vecinos para que disfrutaran del inicio del año de la mano de Jesús Álvarez e Isabel Bauzá, los presentadores de aquella época».

Ahora nuestro protagonista tiene 82 años y recuerda con mucho cariño todo lo vivido en tiempos pasados. Aquellos días ya se fueron, pero hoy vive estas fechas con una nueva ilusión, la de «ayudar» a los Reyes Magos a comprar todos los regalos que han pedido sus nietos. Declara que ve excesivo lo que en estos tiempos traen sus Majestades a los más pequeños de la casa. «El mejor regalo que recibí cuando era chico fue un zeppelin de juguete, me hizo una ilusión enorme, aún lo recuerdo». Años en los que sólo se recibía un regalo y si te portabas muy bien. Hoy día las casas se llenan de juguetes en la mañana del 6 de enero. «Nada que ver con aquellas maravillosas Navidades».