La delegada de Familia, Asuntos Sociales y Zonas de Especial Actuación, Dolores de Pablo-Blanco, ha presenciado la comida que se le ha ofrecido este mediodía a los residentes del Centro de Acogida Miguel de Mañara, gestionado por la Comunidad Hijas de la Caridad, en el restaurante México Lindo en la zona central de los Jardines de El Prado.

Esta almuerzo ha sido la manera de homenajear a los galardonados con el Premio Solidario del Festival de la Naciones en la categoría de Asuntos Sociales, que se concedió el pasado 23 de octubre a dicho centro de acogida, y que mejor manera de hacerlo que sirviendo un suculento banquete mexicano a los miembros de este hogar.

Unas cincuenta personas han disfrutado de este festejo con el que según nos cuenta Sergio Frenkel, director del Festival de las Naciones, lo que se pretende es enseñar que, «aunque la situación actual no se la más favorable, siempre hay una oportunidad de hacer algo bueno por los demás». «Es un desafío que nos hemos marcado desde el festival y no hace falta colaborar con mucho dinero, ni con muchos medios, lo que hay que hacer son iniciativas creativas, por eso lo de celebrar este homenaje en el Parque del Prado y no en el centro de acogida», afirma Sergio.

La delegada de Asuntos Sociales ha dedicado unas palabras muy cariñosas a Sor Ana, Hija de la Caridad y directora del Centro de Acogida Miguel de Mañara. De ella ha resaltado que tiene una «gran capacidad de sacrificio» y que es «un ejemplo a seguir por su entrega a los demás». En cuanto al premio, ha declarado sentirse muy satisfecha con que haya sido entregado a dicha congregación. «Es un éxito este galardón a la caridad, tenemos la garantía y la certeza de su buen hacer con personas sin hogar.  Son el sector más vulnerable y ellas consiguen integrarlos y darle ese marco estable que toda persona necesita».

Por su parte, Sor Ana, nos ha contado anécdoticamente que le ha costado mucho animar a los beneficiarios del centro a que se acercaran hasta el recinto del Prado. «Son muy reticentes a la hora de salir, como son personas que han vivido en la calle se sienten más seguros y reguardados en el centro de acogida», aunque ha insistido en que «ha merecido la pena el esfuerzo por sus caras de alegría».