A Dios lo que es de Dios y a césar lo que es del césar. El versículo evangélico lo tradujeron ayer domingo libremente en la parroquia de San Carlos Borromeo, consagrada y dedicada en una larga ceremonia de dos horas por el arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo, mientras corría el plazo de la hipoteca de 2,8 millones de euros con que se ha costeado la construcción del templo  asumido por los propios feligreses del barrio del Nuevo Porvenir, llamado Nueva Medina por la promotora Prasa y conocidos por todos como los terrenos de la antigua Catalana de Gas.

En una hermosa ceremonia de dos horas de duración, monseñor Asenjo presidió una concelebración con doce sacerdotes (un monseñor, un vicario, un arcipreste y varios párrocos vecinos entre ellos), dos diáconos, dos seminaristas, cuatro monagos y un ceremoniero en el presbiterio; la coral parroquial del Corpus Christi en el coro; y la grey parroquial ocupando todos los bancos del templo.

san-carlos-borromeo1A las seis en punto de la tarde dio comienzo la procesión tras la cruz parroquial con que se iniciaba el rito establecido, que comenzó asperjando el agua bendita con una mata de romero sobre las piedras del templo y las «piedras vivas» de los parroquianos.

Las lecturas corrieron a cargo de un seminarista vecino de la parroquia, una religiosa de la comunidad de las Adoratrices de la avenida de La Palmera y una catequista madre de familia del vecindario, traumatólogo de profesión.

En su homilía, monseñor Asenjo tuvo palabras de gratitud para todos los participantes en la construcción del templo, que definió como «digno, capaz, funcional y bello. En primer lugar, el párroco Carlos González Santillana, de quien alabó su voluntad tenaz, su ilusión y el trabajo abnegado» sin el que habría sido imposible la edificación. Don Carlos decidió trasladar el despacho parroquial a una caseta de obra al solar donde hoy se levanta el templo mucho antes de que diera comienzo la construcción. Y ofició misas y vía crucis entre andamios mucho tiempo hasta que se ha convertido en una realidad.

El arzobispo también dio las gracias por la cesión del solar al Ayuntamiento de Sevilla, en la persona del parroquiano Mariano Pérez de Ayala, hoy director diocesano de Cáritas y entonces concejal de Urbanismo. También agradeció su labor al arquitecto José Delgado Herrera, a la constructora Sanor representada por Manuel Sánchez, a los profesionales y a los oficios que han intervenido en la edificación del templo.

Asenjo no pudo ocultar su satisfacción cuando dio cuenta de la hipoteca de 2,8 millones de euros con que la comunidad parroquial sufraga la construcción del recinto sagrado a razón de 13.404,70 euros de cuota mensual que sale exclusivamente del bolsillo de los feligreses «sin coste alguno para el arzobispado, que puede dedicar el dinero a otras parroquias más pobres».

Precisamente, el prelado alentó a la parroquia de San Carlos Borromeo a convertirse en «una comunidad unida y fraterna que se preocupa de los pobres, que son legión». En las palabras de despedida, el titular de la sede hispalense hizo votos para que el nuevo templo se convierta en «un hogar abierto a todos donde todos sean atendidos y escuchados, en especial los más pobres, a la vez que hogar de caridad, centro de formación y taller de santidad».

El rito de consagración del altar incluye la colocación de las reliquias en el ara, en este caso de San Servando y San Carlos Borromeo; la unción de la piedra del sacrificio y de las jambas con aceite crismal; la incensación del altar antes de revestirlo con los ornamentos litúrgicos, las flores y los cirios.

A la conclusión de la misa, el arzobispo descubrió una placa conmemorativa de la ocasión, en la víspera de la festividad litúrgica de San Carlos Borromeo, en el sotacoro.