El barrio de El Juncal, situado en el Distrito Sur, tiene más de 50 años de vida y los vecinos que se han criado y siguen residiendo allí se sienten muy orgullosos de poder vivir en el barrio que les vio crecer. «Es el mejor barrio de Sevilla, sin menospreciar a nadie, pero aquí lo tenemos todo, bares, comercios, magníficas combinaciones de autobuses y sobretodo buena gente», relata Nicolás Tovaruela, vecino desde hace medio siglo de El Juncal.

Nicolás es un personaje muy conocido en la zona, a cada paso que da se detiene para saludar o para gastar alguna broma a cualquiera de los viandante que por las calles transita. Él se trasladó con su familia a El Juncal cuando tenía 17 años, su padre regentaba un drogería en la calle Alcalde Juan Fernández, y desde entonces no se ha movido de allí. «Me he mudado un par de veces, siempre por la misma zona, ahora hay mucha gente mayor y algunos estudiantes, pero el barrio sigue siendo tan tranquilo como lo fue antaño».

En su paseo por las calles de la barriada se encuentra a su amiga Paquita, vecina de toda la vida, y ambos recuerdan con agrado aquellos años en los que El Juncal ganaba premios por la decoración de los balcones y por sus velás. Según cuenta Nicolás, los vecinos siempre han colaborado y participado para mejorar la zona, destaca incluso que «la gente de aquí con sus propias manos construyeron una plaza en la calle Tambre».

De la calle Tambre sabe mucho porque fue la pionera del barrio, actualmente sigue manteniendo ese aspecto que tenían los edificios en los años 60, pero eso si, a pesar del paso del tiempo se conserva como el primer día. Tovaruela recuerda con añoranza los precios de las casas de aquel entonces, «una vivienda costaba 70.000 pesetas, las hipotecas eran de 800 pesetas». Pisos que se han revalorizado con el tiempo y que sus precios no tienen nada que ver con los de antes.

Nicolás ha visto nacer El Juncal y el barrio lo ha visto crecer a él, por eso siente un cariño especial por su lugar de residencia y asegura que cuando sale de vacaciones lo echa de menos y finaliza apuntando que «nadie conseguirá moverme de aquí».