Se nos fue en la madrugada de una fría noche de invierno, el pasado 12 de enero. El rocío, que con nocturnidad manaba en esa fecha, cubría con su fina capa las aceras, los coches y el mobiliario de la ciudad. Como si de un llanto se tratase, este parecía avecinar el trance que tras unas horas ocurriría cerca del viejo campo de Nervión, donde él tanto disfrutó.

Alejandro se nos marchó, sin avisar, dejando así muchos corazones huérfanos de su cariño y de su amistad, fraguados a través de los años con esa dedicación que él le brindaba siempre a todo aquel que conocía. Dejar un reguero de amigos en esta vida no es fácil, hay quien dice que se pueden contar con los dedos de una mano, pero su caso era especial. Hacía relaciones donde otros solo veían puro contacto laboral, él se paraba a hablar, a entender a todo aquél que se le acercaba. Nació el 11 de marzo de 1986, y tenía veintisiete años intensamente vividos, que comenzaron con estudios en el antiguo Matadero junto algunos de sus amigos de la calle Alberche, instituto Beatriz de Suabia para posteriormente alcanzar la Universidad. Ensayos de corneta y partidos de fútbol mediante, los pasillos de la Pablo de Olavide, donde estudió Administración y dirección de empresas, se hicieron habituales para él, donde aquel chico empezó poco a poco a sentir curiosidad por salir fuera de su querida Sevilla. Veranos en Isla Cristina para más tarde alcanzar una Beca Erasmus, Innsbruck fue su destino.

En Austria maduró, y empezó a plantear planes de futuro para su vuelta a casa. Sus padres y su pareja se convirtieron en su mayor apoyo, y Alejandro seguía regalando alegría hacia a todos aquellos a los que seguía conociendo. Un Máster en la Escuela de Negocio fue su última parada, para que ese chaval de patillas y pelo perfilado, siempre de punta en blanco, nos dejase con la miel en los labios.

Amante de la Semana Santa, aunque era costalero del Cristo del Buen Fin; su devoción, la corporación de su familia y la hermandad en la que salió de niño era San Bernardo. También era socio del Sevilla FC.

La semilla había calado… no es un adiós, porque sus actos, su manera de pensar y su afecto estarán eternamente latente en todos los que un día le conocieron. Ahora es tiempo de arropar a sus padres, a su novia, siempre como él querría y de recordar que aquellos que hicieron felices nuestras vidas,  siempre vivirán en nuestros corazones. Ale ya pasea a Toro en el cielo. Descansa en paz.

Tus amigos.

 

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