«Angelita Vargas no baila la soleá, ella es la soleá». Con esta afirmación rotunda por bandera, la bailaora gitana de Triana ha recogido el galardón que la distingue como Trianera de Honor en la Velá de Santiago y Santa Ana. Sus dotes artísticas permanecen en un cuerpo que, hace poco más de un par de años, sufrió un infarto cerebral. Aun con las secuelas, Vargas volvió a subir a un escenario para recibir uno de los aplausos más intensos de la Velá.

El trianero barrio del Tardón pronto se percató de la existencia de esta gitana de pura raza. «Baile gitano, de mucha pureza y dignidad», así define su forma de entender el flamenco Angelita Vargas. Matilde Coral la bautizó como «La Gitanilla» y su arte llevó el nombre de Triana por medio mundo. «París y Nueva York se rindieron a su arte», reconocen los que la conocen.

Angelita Vargas«Mi vida ha sido el arte», explica Vargas. «Y Triana es mi vida y el aire que respiro», sigue la artista. Nacida en la calle Evangelista en el año 1946, Angelita se curtió a base de pisar tablaos en festivales y bienales. Estados Unidos, Japón, Gran Bretaña, Alemania, Holanda o Francia han visto en sus escenarios el temperamento y las facultades de Angelita Vargas. 

Mucho ha llovido desde que causase sensación en el Festival d’Automne de París con el espectáculo «Flamenco Puro» o desde que se ganase a pulso todo un año de estancia en la meca del espectáculo mundial. En Broadway se mantuvo en cartel toda una temporada.

«Mi baile siempre gustó mucho aunque me gusta creer que soy mejor persona que artista», detalla Vargas. Ahora, ese arte se ha repartido entre su familia. «Tengo dos nietos que bailan que quitan el sentío, Porrate y Dieguito», explica. «A ellos les digo que bailen mucho», confiesa. «Los Vargas somos una estirpe indomable», espeta.

Sus mejores críticos destacan su camaleónica forma de bailar. «Nunca bailo igual, siempre hago algo diferente; el baile me sale de forma natural», confirma. «Es porque hay mucha verdad, es algo muy de dentro», asegura. «Es algo espontáneo», se reafirma.

Minutos antes de recibir el calor de los trianeros, Angelita Vargas no esconde su orgullo. «Siempre me han tratado muy bien y puedo decir que he notado el calor de la gente de mi barrio», confiesa. De rojo, Ángela Vargas se plantó ante Triana, su barrio. «Ser Trianera de Honor es lo más grande», concluye.