Los pasillos de la Escuela Superior de Ingeniería se convierten cada semana en auténticas «pistas de baile». Sevillanas, salsa, danza del vientre, capoeira y funky son los diferentes estilos que se imparten dentro del programa de actividades que organiza el Aula de Cultura de la Escuela Superior de Ingeniería en los espacios que la Dirección de la misma cede a los alumnos. Hace algunos años que surgió esta iniciativa con el objetivo de «compartir las aficiones con otra gente, enseñar a bailar en su tiempo libre», según explica Arturo Torres, coordinador del Aula de Danzas y Bailes.

Hace casi una década que se vienen organizando estas actividades, desde octubre a diciembre y desde febrero a mayo, excluyendo los períodos de exámenes y vacacionales. Clases totalmente gratuitas, impartidas por alumnos de la Escuela, y a las que pueden tener acceso no sólo estudiantes de la Universidad de Sevilla, sino también aquellos que estén interesados aún sin tener conocimientos previos. Este año, el éxito de las convocatorias ha sido tan rotundo, que ya se han agotado las plazas. El curso de Sevillanas comenzó el lunes 18 de febrero y congregó a unos 70 asistentes. «Los primeros días se apuntan mucha gente, pero a medida que pasan las semanas, disminuye el número de participantes», apunta Arturo Torres.

Cada año tienen caras nuevas y también conocidas. «Hay quien repite. Tenemos alumnos de Erasmus, Séneca, e incluso hemos tenido personas mayores que han querido aprender a bailar», sostiene. Torres es además unos de los monitores del curso de Salsa, en el que existen dos grupos, uno para principiantes y otro para avanzado. «Quedamos para salir e ir a bailar salsa, para practicar ya que con un día a la semana no es suficiente. Para que la gente avance y aprenda promovemos que salgan a bailar», explica el coordinador del Aula de Danzas y Bailes.

Sin retribución económica, estos alumnos dedican parte de su tiempo a enseñar a bailar dentro de la propia Escuela Superior de Ingeniería. En un pasillo del sótano, como mejor pueden, se «acomodan» cada semana simplemente para bailar. «No es el mejor lugar, pero teniendo en cuenta los problemas de espacio, nos conformamos. La Dirección de la Escuela nos instaló en el pasillo hace cinco años unos altavoces para la música». Y durante unas horas, lo convierten en una auténtica pista de baile.