«Triana empieza en La Pañoleta». Nacido en Camas, José Rodríguez «El Pío» siempre sintió fascinación por Triana. El Altozano, el cine de verano en San Jacinto, las tertulias taurinas en el bar de los Toreros y muchos compañeros. La Velá de Santa Ana reconoce a este banderillero como Hijo Adoptivo de Triana, su barrio desde hace más de 50 años.

«En Camas se absorbía el toreo de Triana», explica José. «Cagancho, Curro Puya, Gitanillo de Triana, todos iban a entrenar a La Plaza de Toros de la Pañoleta», recuerda. «Y hasta allí íbamos los chavales a aprender. No había escuelas, solo ver y beber el toreo teniendo a estos maestros como buenos espejos», afirma El Pío.

José Rodríguez «El Pío»Compañero de pupitre de Curro Romero «el Faraón de Camas», José Rodríguez recuerda cómo en su niñez se buscaba la forma de colarse en las corridas o jugaba al toro con sus amigos. Y, lo que comenzó como una afición se fue prorrogando hasta ser la profesión de la que ha comido durante más de 40 años. «Mi padre se muere, se queda mi madre con sus cuatro hijos y yo empiezo a vender roscos y tabaco en el tranvía», recuerda José. «Eso no era vida», confirma.

«¿Yo cómo me voy a pegar toda la vida así? Me pregunté, y tras eso me empecé a tomar el toreo en serio», relata. «Era ser torero o futbolista», explica.

Pero dar el salto del tentadero a la plaza era difícil para un joven sin recursos. «Un novillo podría costar 2.000 pesetas, y al mes se ingresaba en casa unas 12 pesetas. No había ponedores, solo amigos que te dejaban una bicicleta o un capote para poder entrenar», recuerda.

A pesar de las dificultades, «siempre se tenía una oportunidad en la época», afirma El Pío. «Recuerdo un periódico que organizaba una corrida para seis chavales, los que más cupones reunieran toreaban», explica el banderillero.

Tardes de éxito

Su oportunidad le llega el 8 de marzo de 1955. Debuta con picadores en Castellón de la Plana. Comparte cartel con Curro Puya y Rodríguez Caro. La tarde se le tuerce a sus compañeros que son heridos por los morlacos y «El Pío» se queda solo ante cuatro toros. Corta cuatro orejas, dos rabos y una pata. «Las crónicas del día siguiente fueron brutales», recuerda.

Cartel de El Pío en SevillaDespués, Sevilla. Tuvieron que poner tranvías especiales para conectar Camas con Sevilla. «Fui el primer torero en llenar un tranvía», recuerda. El éxito fue tal que salió por la puerta del príncipe y lo llevan a hombros hasta el hotel Inglaterra. Su suerte se trunca en Madrid, un astado le asesta dos cornadas, una en el muslo y otra en el riñón. Unos meses de baja y muchos contratos rotos. No toma la alternativa.

Su suerte es comparable a la de Triana. Huérfana en la actualidad de toreros. «En Triana nunca faltó un torero desde el siglo XVIII», afirma El Pío. «Este barrio siempre ha sido muy importante en el mundo del toreo y es una pena no volver a ver a Triana en un cartel con el nombre que siempre ha tenido», detalla.

«Yo soy de Triana al cien por cien, sin olvidar que nací en Camas», se reafirma. «Me siento a gusto en este barrio y el reconocimiento que me da la Velá me ha llenado de orgullo», explica. «No es fácil que sin haber nacido aquí se te distinga en uno de los barrios más importantes del mundo», asegura.

«Soy sevillano y vivo en Triana y nací en La Pañoleta, Camas. ¿Qué más puedo pedir», concluye José.