Julio Verne, Leon Tolstoi o Antonio Gala habitan en el Mercado de Triana. Entre puesto y puesto, un carrito alberga clásicos de la literatura universal. Una biblioteca itinerante es la nueva idea de los placeros para atraer a más público a este espacio emblemático.

«Es una ocurrencia más, una de tantas», confiesa el portavoz de los comerciantes del Mercado de Triana, José Manuel García. La incitativa, que cumple un año en septiembre, «funciona bien, siempre hay libros y muchos vecinos vienen de forma recurrente a buscarlos», explica.

Libros en el Mercado de TrianaDe hecho, los clientes de esta trianera plaza de abastos juegan un papel vital. «Muchos vecinos nos traen cajas llenas de libros para alimentar la biblioteca», detalla. «Hay días que hay 60 y otros que apenas hay una veintena», afirma. «La gente los ve, los ojea y se los lleva; después los devuelven», añade García.

 La muerte de Iván Ilich, de Leon Tolstoi; Los misterios de la jungla, de Julio Verne; El último mohicano, de J. Fenimore Cooper; o Poemas de amor, de Antonio Gala. Un repertorio ecléctico que comparte espacio con los embutidos, las legumbres o los pescados y la carne.

«Teníamos un carrito abandonado y se nos ocurrió darle una segunda vida», explica el portavoz. «La crisis nos está obligando a no parar de pensar y buscar fórmulas imaginativas para, no ya ampliar la clientela, sino al menos mantenerla», detalla. Además, «nos parece que así tenemos un detalle más con los vecinos», confirma.

La iniciativa, que se sepa, no tiene parangón en plazas de abasto conocidas. El mecanismo es sencillo, los vecinos retiran un libro, se lo llevan a sus casas y lo devuelven cuando finalice la lectura. No hay plazos y carnés ni esperas… nada. Todo se autogestiona sin necesidad de control. En esta iniciativa, el carrito es el contenedor de una vida cultural que trasciende los muros del mercado.