Una vez en semana, la vida se convierte en puro teatro. Subirse al escenario, ponerse en el papel de cualquier personaje e interpretar es, sin duda, la mejor terapia para combatir una difícil situación o, simplemente, para dejar atrás cualquier pena y compartir las alegrías. Unos 20 alumnos asisten cada miércoles al taller de teatro que organiza el distrito Triana en el I.E.S. Vicente Aleixandre. Es entonces cuando se olvidan de quiénes son para convertirse en actores por un día y evadirse de la realidad.

Isabel lleva pocas semanas asistiendo pero ya parece una auténtica estrella. A sus 86 años, confiesa que el teatro «es mi vida». Tenía muchas ganas de acceder a este taller, pero se quedó fuera. Inesperadamente, una plaza vacante de última hora le dio la oportunidad de convertir su sueño en realidad. «Me emocioné e incluso lloré de alegría cuando me llamaron y me lo comunicaron», sostiene radiante de felicidad. Concha es la primera vez que recibe clases de teatro. «Me divorcié, los hijos ya son independientes y dije: ésta es la mía. Siempre he querido ser actriz y es la ilusión de mi vida», explica mientras alaba la «paciencia» del monitor. Todos coinciden en la dificultad para memorizar los textos, pero no desisten en su empeño. Para ello, algunos emplean técnicas como grabar el texto y escucharlo en repetidas ocasiones mientras pasean o cocinan.

Manuel es uno de los veteranos sobre las tablas y de los pocos hombres que asisten a taller -sólo tres-. Hace 11 años que hizo su primera incursión en un grupo de teatro y ya ha interpretado varias obras por diferentes pueblos de Sevilla. «Es una liberación, puedes evadirte, y sigo una metodología para el estudio. Dedico mis horas al día para ello», sin dejar de lado otras tareas propias de los abuelos hoy día como «recoger a los nietos del colegio». Josefina reconoce que a ella, el teatro le ha quitado todos los pesares, «que han sido muchos, he tenido una vida dura, un hijo drogadicto que falleció». Por su parte, Carmina lleva dos años asistiendo al taller de teatro. Ella juega con ventaja, sus dotes artísticas ya vienen de familia y lo lleva en la sangre. «Mi hermana fue una actriz conocida, Soledad Miranda, hizo muchas películas, y mi tía es Paquita Rico». Una familia dedicada al cine pero Carmina nunca pudo hacerlo realidad. «Siempre lo he tenido pendiente en la vida».

Y quien dirige a todos estos actores de corazón es el Andrés Blanco, monitor del taller de teatro y actor de profesión. «El taller está dirigido a todo el mundo, hay una franja amplia, desde gente joven hasta de 90 años, todo el mundo tiene cabida», explica. Según comenta, hay personas que tienen miedo a expresarse en público y vienen para superarlo. «Realizamos ejercicios de proyección, los preparamos como si fueran actores, la voz, calentamiento físico, hacemos un entrenamiento actoral, claro que en estos niveles». Ya preparan las obras que interpretarán a final de curso, en abril. Una función que ensayan ya muy emocionados y donde podrán desarrollar todo el aprendizaje. «Lotería», de un autor argentino, y «La consulta médica» de Paqui Medina, pondrán el broche de oro a este curso «revitalizador». Porque lo suyo, es puro teatro.