Sus ojos muestran los surcos de su edad, el paso del tiempo vivido a golpe de cantes, bailes y mucho tesón. Diplomas, reconocimientos y fotografías cuelgan de las paredes de su pequeño salón. Sobre la mesa, medicinas, papeles y una casi desvencijada pero resistente máquina de escribir que ya mecanografía su decimosexto libro: «Mi borriquillo Barquero». Mañana, 20 de noviembre, es su gran día. A las 20.30 horas el Teatro Lope de Vega de Sevilla respirará puro flamenco en su honor, en homenaje a Eugenio Carrasco Morales, más conocido como «El Perlo de Triana».

A punto de cumplir 87 años, jamás imaginó que un espacio de tal calibre acogería este acto que recibe «con mucha alegría porque creo que me lo merezco por mi trayectoria, como cantaor y poeta». Desciende de una familia de artistas de Triana. Hijo de Antonia de las Mercedes Morales Jiménez «La Perla de Triana», ahijado de Pastora Pavón «La Niña de los Peines» y sus hermanas Antonia y Encarna fueron integrantes del grupo «Triana Pura». Eugenio añora las fiestas en las casas de vecinos, el ambiente, la alegría, «a pesar del hambre. Entonces Triana era Triana». Pero no sólo del cante y del baile vive el hombre y también ha tenido que dedicarse a otros oficios para «ganar una peseta». «He tenido que limpiar zapatos, vender lotería, trabajar como frutero cargando con 15 años 75 kilos, daba portes de melones con mi borriquillo Barquero, más tarde fundidor, donde me daban diez reales. Para que luego digan que los gitanos no trabajamos», explica.

Ha trabajado con los grandes: Manolo Caracol, Estrellita Castro, Lola Flores, Pastora Imperio, Antonio Mairena, y un sin fin de estrellas a quienes ha acompañado al cante o al baile en diversos espectáculos por más de medio mundo. «Antes se hacían muchas fiestas, había una hermandad muy buena entre los vecinos, entre payos y gitanos, a pesar de la posguerra, la alegría lo superaba todo. La risa es una medicina y a veces olvidábamos hasta el hambre de lo bien que lo pasábamos», recuerda con nostalgia.

Al describir sus vivencias, no olvida las «juergas de señoritos». «Llamaban a los artistas para contratarlos para una fiesta, se iban por ejemplo a una venta y formaban una juerga. Cuando terminaba les daban a los artistas 1.000 pesetas a cada uno, otros daban 500 pesetas, que en aquella época era un dineral, tenía para comer 15 días y ahora con 500 pesetas no tienes ni para desayunar», apunta este cantaor.

Su esfuerzo y tesón nunca han decaído. Aprendió a escribir con más de 30 años, gracias a una novia que le animó para poder cartearse. «Me dio muchos consejos, que pusiera mi corazón y voluntad, y así le escribí una carta, una letra encima de otra que ni yo entendía, y me dijo que estaba estupendo. Me dieron ganas de llorar de alegría», confiesa emocionado. A partir de entonces, la escritura se convirtió en otro motor de su vida y ya tiene publicados 15 libros.

«Mala suerte»
Eugenio Carrasco ha sabido mirar la vida con alegría y optimismo. Pero si hay algo que guarda como una espinita es no haber grabado un LP. «No he tenido suerte en mi vida artística porque no me han echado una mano mis compañeros, y lo que han hecho algunos es quitarme el pan, me han quitado grabaciones. Iba a grabar un LP pero me llamó el director diciendo que no se grababa. He tenido más enemigos que amigos», lamenta.

Ahora vive lejos de su Triana querida, entre el Tiro de Línea y San Bernardo, junto a su hermana Encarna, de 79 años, a quien confiere todos los cuidados necesarios porque apenas puede caminar. Se tienen el uno al otro, y poco más. «Los hijos que tengo son imaginarios, son mis versos», apunta. Su hermana Antonia les envía comida y una empleada del hogar para echarles una mano. «Nos las vemos y nos las deseamos para llegar a fin de mes. Mi hermana nos manda un puchero, un potaje, y nos ayuda. A mí me cuesta ya salir porque tengo que cuidar a mi hermana y además, tengo un posible tumor en el pulmón derecho, y me falta la respiración algunas veces», revela.

Por ello, por la difícil situación económica que atraviesa, y por toda su trayectoria, Triana le rinde homenaje. El dinero recaudado irá destinado íntegramente para Eugenio Carrasco. José Luis Jiménez es uno de los promotores y organizadores del acto. «Surge a raíz del intento fallido del anterior homenaje hace 3 años. Pensamos que Eugenio se merecía el mejor teatro de Sevilla y sin lugar a dudas para el Flamenco es el Lope de Vega», explica. Y es que, el anterior homenaje tuvo que suspenderse por la escasa venta de entradas, ya que, según explica Eugenio, «jugaba el Betis, el Sevilla, y había Toros, casi nada».

«Se ha conseguido el Lope de Vega con todos los medios, tanto sonido, iluminación, etc. El ICAS ha puesto todas las facilidades y desde el Ayuntamiento se está publicitando tanto en periódicos como en autobuses, se han volcado y es de agradecer», manifiesta Jiménez. Las entradas tienen precios muy asequibles, entre 10 y 15 euros, y ya se han vendido más de 200, a la venta en el propio recinto, en GeneralTickets.com y en el bar El Ancla en Pagés del Corro. Recuerden, la cita, mañana martes 20 de noviembre a las 20.30 horas. Y es que, como apunta José Luis Jiménez, «Eugenio se merece el Lope de Vega y seis Lope de Vega».