Es la fiesta por excelencia de todo un barrio, y de las más importantes de la ciudad. La celebración en el arrabal por antonomasia de la festividad de su Patrona. El barrio se engalana, desde el Puente de Triana, pasando por el Altozano, hasta la calle Betis, para lucir en todo su esplendor. Toda una tradición trianera, para venerar y velar a la que es, sin duda, la gran protagonista de este festejo: la «Señá» Santa Ana.

Desde que está en pie la Parroquia de Santa Ana con su imagen, a finales del siglo XIII, se celebra la onomástica de la madre de la Virgen María en Triana cada 26 de julio. Una festividad que entraña, desde sus comienzos, un sin fin de vicisitudes, acontecimientos y anécdotas que con el paso de los años hacen que esta celebración sea, aún más si cabe, toda un acontecimiento extraordinario a nivel local y regional. De hecho, es Bien Cultural de Andalucía. Y alguien que conoce en profundidad la Velá de Triana es el historiador trianero Ángel Vela, defensor de las costumbres y tradiciones de este barrio. Él ha escrito varios libros, como el de «Triana y su Velá. La crónica de Triana a través de la historia de la fiesta más antigua de Sevilla», evocando así los orígenes.

Triana, una Velá históricaLa fiesta surge, según comenta el escritor, de forma muy diferente a la que se conoce hoy día. «Al ser la época más calurosa del año, los vecinos se reunían en las puertas de sus casas, comían y hacían una pequeña fiesta íntima, mientras que los jóvenes se iban a la orilla del río para bañarse o jugar». Santa Ana, prosigue, siempre tuvo fama de matrona, por lo que las mujeres que tenían dificultad para tener hijos venían a la iglesia para pedirle a la Virgen ser madres como ella. De esta forma, se origina una romería, venía gente de toda Sevilla, y empezaron a verse los primeros puestos de frutas, de chucherías, etc. Es, comenta Vela, el primer paso que se acerca ya a la fiesta actual.

Entonces, sólo se celebraba la víspera el día 25 de julio y la festividad el 26 de julio, aunque Vela afirma que la fiesta dentro del templo básicamente no ha variado, sin embargo, la parte pagana de esta conocida celebración ha cambiado, y mucho. El historiador sostiene que a partir del siglo XVIII, el Ayuntamiento empieza a interesarse por la fiesta, por lo que comienza a regularla y a ejercer el control que, hasta ahora, había estado en manos del barrio.

«La caza del pato»

El historiador Ángel Vela aclara cuáles son los personajes claves, los nombres propios que establecen las bases de la Velá moderna: Manuel Carriedo Pérez, Los Mensaque y Manuel Rodríguez Alonso. «Manuel Carriedo, por ser hombre de mar, procedente de un pueblo de Santander, promueve la primera cucaña en 1910 y el juego empieza a pertenecer al programa de las fiestas», manifiesta Vela.

Por su parte, Los Mensaque y Manuel Rodríguez Alonso pertenecían al gremio del barro, el cual tuvo una gran prosperidad durante las décadas de 1910 y 1920 gracias a las obras que se realizaban en la ciudad. «Fueron los mejores años de la Velá, ese auge de la cerámica se reflejaba en las fiestas, se hacían juegos increíbles en el río, el gran protagonista, ya que el festejo era enteramente fluvial», apostilla el escritor. Competiciones de nado, de embarcaciones, de canoas o juegos curiosos, congregaban a gran parte del público en las inmediaciones del Guadalquivir, en la barandilla del Puente de Triana, para ver en primera fila los espectáculos.

Triana, una Velá histórica«La caza del pato era muy curiosa. Se soltaban unos patos y una serie de nadadores intentaban cogerlo, y quien lo consiguiera, se lo llevaba a su casa y lo guisaba con arroz, era el destino final del pato», comenta Vela. Lo propio se hacía, según confiesa este historiador, con un «cochino untado con sebo», cuya hazaña para atraparlo también era harta complicada por la grasa y la inquietud del animal. Aparte de esta diversión, se montaba un tablao en el Altozano como escenario de conciertos de la Banda Municipal de música, y más adelante, para actuaciones de murgas muy populares. «En el año 1922 se celebró el primer concurso de flamenco en la Velá de Triana, sólo para aficionados», aclara Vela, quien también expresa a través de sus recuerdos la fiesta grande de Triana. «En los años 50, cuando era niño, existían espectáculos de variedades, todo tipo de artistas para distraer a la gente del barrio, competiciones de boxeo, lucha libre, concursos de chistes para divertir a los trianeros. Entonces, el que podía se sentaba en una silla que costaba 1 peseta».

Las dificultades

La Velá de Triana no ha estado exenta de contratiempos y dificultades a lo largo de toda su historia. A partir de 1929, tras la celebración de la Exposición Iberoamericana, «la fiesta decae un poco, hay años en los que no se celebra, por ejemplo en 1931, el año de la República, ni durante los años 1936 y 1937». En la posguerra, explica Ángel Vela, tampoco se festejó la Velá de Santa Ana durante algún período. Pero es a partir de 1944 cuando Aurelio Murillo recupera la tradicional fiesta en el barrio y, de nuevo, se celebra cada año en el arrabal en todo su esplendor.

Y aunque en los últimos tiempos, muchos trianeros puros aseguran que la fiesta ha perdido su identidad, poco a poco la van recuperando para avivar de nuevo la esencia trianera que antaño se respiraba. Como ha sido el caso del patio del Hotel Triana, recuperado recientemente como escenario para el pregón, para la gran noche de apertura, como siempre ha sido habitual desde que José Luis Ortiz Nuevo, primer concejal de Cultura ya en el Ayuntamiento democrático, salvara de las ruinas el Hotel Triana con el objetivo de albergar actos relacionados con la vida cultural y artística del barrio.