Rapero, grafitero, poeta urbano, y, quizás, por encima de todo eso, trianero. Que es una forma de andar por la vida. El pasado martes dio el pregón de la Velá. Dicen que Manolo Molina lo jaleaba desde el cielo.

—Felicidades, pregonero

—Gracias. Muchas gracias.

—En media hora hizo usted una faena de oreja, rabo y puente y aparte…

—Tenía mis miedos por lo del tiempo. Era un pregón corto. Pero pensaba que era lo mío, lo que iba conmigo, con el barrio y con lo que quería decir. Y a la gente le gustó.

—Tan completo fue su pregón que salió de allí casi casado con la Flaka, su pareja

—(Risas) No estaba en absoluto planeado. Fue un impulso que me dio a las siete de la tarde y así lo hice. De momento no salió mal.

—Al final hasta los grandes guerreros entregan la cuchara, maestro…

—Eso es así. Ahí no caben dudas. Ahora mismo se me pasa por la cabeza la cara de Atila: niño lávate las manos antes de comer, ve por esto, ve por aquello. Pero sarna con gusto no pica. Andaba buscando hace mucho tiempo la estabilidad emocional.

—¿Le gusta la Velá tal y como está o cree que hay que cambiarla?

—La velá en sí me gusta. Claramente. Pero una cosa que sí me gustaría recuperar, al margen de las actividades culturales y deportivas, serían los juegos antiguos. Por ejemplo, las carreras de sacos, la del palito para coger la anilla. Y a la hora de las actuaciones sí pondría cada noche a un artista del barrio.

—Se lo digo porque, al parecer, se quiere optar por otro modelo…

-Sí, eso he escuchado. Pero al final, como todo está politizado, será lo que quieran los políticos.

—Acláreme una cosa: ¿Triana es un barrio o una marca?

—Triana es un barrio. Pero evidentemente es una marca muy atractiva para el turismo. Para el turismo no solo internacional, sino nacional. Tenemos uno de los metros cuadrados más caros de Europa.

—¿De todas las cosas que usted le preguntó en su pregón a Matilde Coral cuál fue la contestación que más le gustó?

—Me sorprendió la contestación de Matilde, que con su edad y sus vivencias, me dijera que no lo sabía: le pregunté referido al barrio: «¿Matilde, qué es lo que está pasando?» Y ella me dijo: «no lo sé».

—Vamos a recordar cosas de juventud. ¿Por qué salió usted rapero y no rockero como Gualberto o flamenco como Manolo Molina?

—Yo me considero flamenco. Otra cosa es que lo que yo hago se entienda como flamenco o no. Pero más fusión que lo que tiene una soleá…

—Recuérdeme alguna estrofa cañera de su repertorio

—El pozo sigue ciego/como ciego sigue siendo medio mundo/escondiendo la bolita como los trileros/pa que poco tú tengas y otros mucho.

—Era usted un rapero muy rebelde, muy negro?

—Me considero un rapero que se sale del formato americano. Yo soy trianero y hablo de nuestras cosas, de nuestras costumbres. Hago crítica social de aquí, no de otra sociedad.

—También le recuerdo como grafitero. ¿Qué le gustaba pintar?

—(Risas) Osos. Era un icono fuerte y amable a la vez.

—¿Y la mejor pared que había en Triana para darle al spray cuál era?

—El callejón americano. Sin duda punto de encuentro de grafiteros y buenas paredes para pintar. Estaba en la trasera de la calle Trabajo y le llamábamos así porque el edificio tenía escaleras externas de incendio a la manera americana.

—¿Llegó a envidiar a Banksy?

—Nunca. Lo admiraba.

—Se hizo millonario pintando grafitis en Londres y hasta se subastaron paredes donde él pintó…

—Sí, sí, sí. Incluso le cerraron el museo del Louvre para una exposición suya. Fue alucinante. Además era un provocador. Le gustaba en los museos poner encima de una obra de arte universal algo hecho por él.

—Eso de cerrar un museo para una exposición de grafitis nada más que pasa por ahí ¿verdad?

—Aquí lo máximo que te dan es un permiso para pintar en la orilla del río. Que es como se grafitea hoy. Aunque Seleka ha luchado y sigue luchando mucho por el arte urbano en Sevilla.

—La gente lo que quizás no sepa es que usted también fue profesor de baile…

—(Risas) Durante muchos años he sido profesor de baile. Y este año lo vuelvo a retomar y abro mi propia escuela de baile.

—Y a usted personalmente, ¿qué es lo que se le da mejor?

—Las danzas urbanas.

—¿Eso qué es?

—Todo lo que tiene que ver con la cultura afroamericana. Tan en auge en estos momentos.

—¿Y el reguetón?

—(Risas) Nooooo. Pero tampoco se me da mal.

Club de pesca

Sus recuerdos son los de una infancia escasa pero inmensamente feliz jugando en la calle, en los alrededores del Club de Pesca de la calle Castilla, el viejo rincón de sus sueños. Era hijo de Luis el Lata, un sevillista tan grande que en la entrada a su casa tenia una foto enorme del Sánchez Pizjuán que, a Junior, cada vez que lo pisaba, le entraban las del beri, porque salió mirando para Heliópolis. No es aberchale trianero. Pero casi. Le gusta y vive en el Turruñuelo porque es lo que más se parece al barrio de su infancia. Y lo que menos le gusta de Triana son los golpes de pecho y lo poco que hace el trianero. En su padre, en Manolo Molina y en El Titi (el que mejor cantaba los tangos de Triana) tiene su corazón las referencias mejores del barrio. Pero no olvida a Gualberto, a Chiquetete y a Silvio. El gran Silvio que lo lleva en el alma.