¿Qué tienen en común El jardín de la abuela, la llave inglesa, las ocas voladoras, el molino de viento holandés, la ventana de buhardilla, el plato de Dresden, Log cabin o la estrella de Ohio? Aparentemente son términos dispares sin conexión alguna pero entre ellos hay un nexo textil. Forman parte de un mundo hecho de retales que cada vez gana más adeptos. Su combinación y elaboración dan lugar a auténticas obras de arte realizadas a mano. Son patrones de Patchwork, el arte de unir retazos de telas de diferentes colores y tamaños «mediante diferentes técnicas» para crear objetos desde una colcha hasta un bolso o una pelota.

Y así, entre tijeras, muestras, plantillas y agujas, aprenden cada semana quienes asisten al Taller Sociocultural de Patchwork que se imparte en el centro cívico Las Columnas en Triana. Su monitora, Virtudes Cabezas, lleva más de 10 años dedicada en cuerpo y alma a este arte. «He hecho muchas labores, pero ésta es la que yo estaba esperando. Es principalmente creatividad. He hecho muchos cursos y me sigo reciclando constantemente», explica Virtudes. Una amiga norteamericana que vivió en España durante 20 años fue quien la introdujo en el mundo del Patchwork. «En norteamérica está en auge. Los centroeuropeos lo llevaron a Estados Unidos y allí lo convirtieron en arte. He estado en San Diego en un concurso que hicieron y vi la ganadora hizo una colcha impresionante. Además, mi amiga, que ya regresó a Estados Unidos, siempre me envía información o novedades al respecto», asegura. Aquí, en el taller, transmite sus amplios conocimientos sobre esta técnica a sus más de 40 alumnas que están divididas en dos niveles: iniciado y avanzado. «Para aprender no es necesario saber coser. Es fácil y el Patchwork sólo se complica lo que tú quieras, no tiene límites y todos los días hay algo nuevo», apunta la monitora. Y es que las técnicas son muy variadas y las combinaciones, aún más.«Reciclamos telas de trajes de flamenca, nos prestamos telas, cualquier trozo de tela nos sirve para hacer una muestra».

Los pasos son aparentemente sencillos y siguiendo las indicaciones adecuadas, puede ser coser y cantar. «En primer lugar sobre papel milimetrado hacemos las plantillas, luego elegimos las telas y yo siempre les aconsejo coser con el dibujo delante y en un orden determinado», apunta Virtudes al tiempo que explica cómo coser mediante «paper-piercing, que es sobre papel y luego se arranca el papel, o en entretela. Además se pueden poner encima aplicaciones». Llegando incluso a poder conseguir efectos tridimensionales. Un sin fin de posibilidades que ofrece el Patchwork que va mucho más allá de las colchas o edredones. «Entre colcha y colcha hacemos otras cosas a las que llamo golosinas, como un costurero de viaje, alfileteros, funda para móviles,…». Incluso unas pelotas muy solidarias. «En el taller del año pasado las hicimos para los niños del Hospital Virgen Macarena, y las que hemos hecho este año queremos llevarlas al Hospital Virgen del Rocío. También hacemos la almohada del corazón, para mujeres operadas de cáncer de mama, concretamente el año pasado las hicimos para la Asociación Amama, con telas alegres, y con el objetivo de que sea algo práctico y que sirve de apoyo moral», apunta Virtudes.

«Adictas»

Chipi es una de las alumnas de Virtudes. A sus 66 años, y dedicada a la costura desde los 13 años, asegura que se ha «enganchado» a la moda del Patchwork. «Te crea adicción, es como una droga, te distrae y entretiene. Llevo toda la vida cosiendo pero no tiene nada que ver, yo tengo mis trucos de costura que me sirven y son una ventaja», apunta. A cualquier pedacito de tela, aquí se le da un buen uso. «Ya estoy pensando en hacer varias prendas de Patchwork, incluso mi yerno está ya casi enganchado porque le gustan mucho las manualidades». Eva nunca se había iniciado en el mundo de la costura hasta ahora. «¡Mira dónde me coloco el dedal y cómo empujo la aguja!», exclama como prueba de su desconocimiento. Está muy ilusionada y asegura que es gratificante. «Yo continúo en casa cuando puedo y es relajante», al tiempo que muestra en su móvil las fotografías de lo realizado hasta ahora y que expone orgullosa en su casa: un árbol de Navidad.

Cuando finalice el curso, en mayo, podrán exponer algunas de las piezas creadas por ellas mismas. Auténticas obras de arte que forman parte de una auténtica revolución Patchwork.