Realizan auténticas obras de arte con sus propias manos. Piezas de un valor artesanal que bien podrían poner a la venta en el mercado. Los alumnos del taller de carey que se imparte en el Centro Cívico Las Columnas asisten cada jueves por la tarde como auténticos «artistas» para dar rienda suelta a su creatividad. Porque las posibilidades del carey son tantas, que aquí realizan objetos inimaginables.

José María está jubilado y lleva varios años asistiendo al taller. Se confiesa un «manitas», y prueba de ellos son las innumerables piezas que constantemente realiza: peinetas, pulseras, pendientes, anillos, con diferentes formas y colores. Y su imaginación desbordante la muestra en su móvil, donde almacena decenas de fotografías de objetos de decoración que realiza para su casa con piezas inservibles o recicladas. «Tengo hijas y nietas, y todas me piden que les haga algo. Otras veces viene la cuñada a casa y se lleva algo si le gusta», explica. Cualquier material impensable le sirve para hacer un artículo útil. De un tetra brik consigue un par de monederos, de unas conchas de la playa muñecos, de unos mejillones unos pendientes o de unos palos de chupa-chups una pulsera.

Lo que sí es cierto que toUna de las peinetas que realizan en el taller de careydos coinciden en que para trabajar el carey se requiere de paciencia. Y Lorenzo a buen seguro la tiene por la delicadeza de su obra. Nada más y nada menos que se ha atrevido a recrear la Giralda en un par de peinetas en su primer año de taller. «Yo estoy retirado pero he sido metalúrgico y no me resulta difícil. Es un trabajo minucioso y haces tantas cosas que al final tienes que regalarlas. Siempre busco el lugar más económico para comprar las piezas», apunta. Y es que a la velocidad que fabrican su propia artesanía, conseguir el mejor precio en materiales es fundamental. «A mí se me va la paga en esto, porque no paro», sostiene entre risas José María.

Manuela, por su parte, está realizando un abanico de carey. Otras alumnas trabajan el cristal, la madera o, como Rosa, pintan sobre lienzo. «Yo he hecho muchas cosas de carey, como portaretratos, pero ahora me apetecía pintar», afirma esta alumna que se considera toda una «artista».

La técnica

El uso del carey, que es la concha de la tortuga, está prohibido en la actualidad, y por ello se emplea un material parecido. «Se compran unas planchas de imitación pero que tienen calidad. Cada uno elige el dibujo del objeto que quiera realizar, se hace en papel y se pega a la plancha. Después, con una segueta, se trabaja para recortar y darle la forma», comenta Mª Ángeles López Viretti, monitora del taller de carey. Su fascinación desde pequeña por los trabajos manuales relacionados con el arte, le ha llevado a hacer de su afición un oficio. «Una vez que se tiene la forma, se sumerge en acetona pura para darle el brillo que se desee, depende del tiempo que esté sumergido. Si quedan imperfecciones en los pequeños huecos, se pulen con una lima fina. Además, se puede teñir, hay gran variedad de color, distintos tonos», sostiene. Y para doblar el carey, por ejemplo para las peinetas, hay que aplicar calor.

Incluso el carey abarca otras opciones como el asta de toro, con unas tonalidades en beige, negro y grisáceo que aportan a las piezas un toque de elegancia y distinción. Pero lo más importante de este taller es «la satisfacción personal, lo que consiguen hacer ellos con sus propias manos», afirma López Viretti. Todas las creaciones se mostrarán en una exposición a finales de curso, en el mes de mayo, en el Centro Cívico Las Columnas. No se pierdan entonces las virtudes del carey, unas auténticas obras de arte dignas de admiración.