Los Reyes Magos se resistían a marcharse de Sevilla. Puntuales con su cita con Triana, a las 6 de la tarde, salían a la calle para despedirse del barrio hasta el año que viene. En la calle, les esperaban niños con que agarraban flamantes camiones, muñecas y otros juguetes recién estrenados. Y, como no podía ser de otra manera, los ecos del derbi futbolístico resonaban también en el margen izquierdo del Guadalquivir: los había que miraban compulsivamente el móvil, sin percatarse de los caramelazos, y otros que escondían entre el abrigo y la bufanda un transistor con auriculares. Los más, se abarrotaban en la avenida de Coria, la primera etapa del recorrido, para ver cuanto antes la Cabalgata y llegar al televisor a tiempo de disfrutar la segunda parte del partido.

Colorido, luces, y mucha música. Era imposible no vivir con alegría la tarde de Reyes en Triana. Será por eso que, año tras año, son muchos los sevillanos de otros barrios que se acercan al arrabal para ver su Cabalgata. 18 carrozas, más de 500 niños y varias bandas de música y charangas. Una fiesta donde todos estaban invitados. Había niños encarnados en pastores, gatos, pitufos, soldaditos y alrededor de mil beduinos. Incluso los personajes de Star Wars no quisieron perderse la cita: se vieron Jedis, pero también villanos de la conocida saga, que incluso asustaron a algunos niños con sus espadas láser y sus siniestras máscaras.

La «Ilusión» por Twitter

Una de las carrozas de la Cabalgata-ABC

Una de las carrozas de la Cabalgata-ABC

Una de las niñas que más alegría rebosaba era Alba Castilla, que encarnó a la Estrella de la Ilusión. Días antes de la jornada de Reyes, confesaba a Sevilla Ciudad que tener un papel tan destacado en la Cabalgata de su barrio era «la ilusión de su vida». Un puesto conseguido por sorteo y del que se enteró «por Twitter» antes de que a la organización le diese tiempo a comunicárselo. La magia de Sus Majestades parece circular ya incluso por las redes sociales. También el Heraldo Real, Isidoro Moreno, después de repartir cartas toda su vida, ayer disfrutaba el trabajo bien hecho: las misivas de los niños a los Reyes Magos, las más importantes, habían llegado bien a su destino.

Además de caramelos, gominolas y hasta gusanitos, Sus Majestades de Oriente fueron los encargados de regar Triana de regalos. Las calles rebosantes esperaban con impaciencia cada paquete que caía de las carrozas reales. Este año, el periodista Rafael Cremades se transformó en Melchor, «La Flaka» en Baltasar y María Dolores López en Gaspar.

Pasadas las nueve de la noche, cuando en el resto de barrios ya solo quedaban las aceras pringosas, la Cabalgata de Triana procedía a recogerse. Bolsa de caramelos, el camión y la muñeca —un poco menos— flamantes y la cara de felicidad o tristeza de los futboleros, según los colores. Los Reyes Magos se despedían del barrio, y de Sevilla, hasta el año que viene. Ya estamos esperando que vuelvan.