Trianeros de nacimiento, de adopción o de corazón. Eso es lo de menos. A todos les une la pasión por el barrio de Triana. Y juntos, la están descubriendo en el que se ha convertido el curso más añorado: el taller de Historia de Triana. Desde sus orígenes hasta la actualidad, poco a poco, entre anécdotas y recuerdos, «pasean» cada semana por las memorias del arrabal. Unos 20 alumnos se reúnen cada martes y jueves por la mañana durante una hora y media en la Casa Hermandad del Cachorro con el objetivo y afán de conocer un poco más el barrio de Triana.

La idea parte del propio monitor del taller, Carlos Jiménez, licenciado en Historia del Arte y profesor en la escuela universitaria CEADE Leonardo. «Observando que había un taller en todos los distritos que se llamaba «Conocer Sevilla», se me ocurrió hacer uno parecido pero específicamente para Triana», explica Jiménez. Así, se puso en contacto con el distrito Triana y con la empresa Arteaula y no dudaron en ponerlo en marcha. El resultado ha sido la creación de un taller novedoso que ha tenido gran acogida. Clases teóricas que se alternan con visitas a lugares de interés. «En las clases teóricas se proyectan diapositivas para hacer las explicaciones más amenas, y se intentarán realizar hasta final de curso unas 20 ó 25 visitas», explica el profesor. De hecho, ya han asistido a diversos emplazamientos como el Castillo de San Jorge, la Iglesia de Santa Ana, el antiguo conventos de Los Remedios hoy Museo de Carruajes, la exposición de Murillo o la exposición sobre La batalla del Puente de Triana.

Y es que gracias al taller, ahora miran a Triana «con otros ojos». «Para mí fue un descubrimiento la visita a la cripta en la Parroquia de Santa Ana. Me encantó y ese día la ví de manera distinta», explica María José, una de las alumnas. Pero, sin duda, ellos mismos forman parte de la historia de Triana y en cada clase son inevitables los debates, la narración de experiencias y vivencias de épocas pasadas. «Me gusta la comunicación y ahora estamos muy solos. Yo he vivido entre gitanos y estábamos todos en compañía, se aprendían muchas cosas. Quien no encendía la candela no se quedaba sin comer, le ayudábamos», confiesa emocionada Ana al evocar sus recuerdos.

Horacio tiene por delante un lápiz y una libreta. Su cuaderno está repleto de anotaciones para conservar la historia de Triana de su puño y letra. «Me gusta profundizar en Sevilla, en los orígenes, en los nombres de las calles porque son la historia de una ciudad», expone. José Luis Moreno, trianero nacido en La Dársena, a sus 76 años sigue descubriendo más Triana. «Yo he estado toda mi vida trabajando y no he podido estudiar. Y ahora estoy descubriendo aquí más cosas sobre el barrio», afirma. Y es que Triana parece un barrio con misterios insondables que sigue sorprendiendo. «Mucha gente me dice: «¡pero si tú ya conoces Triana!». Pero no, ahora estoy viendo lo que es Triana, sus raíces y sus memorias», apunta María José.

«Se debaten temas antropológicos, sociales y etnológicos, es decir, sus experiencias como vecinos de corrales, cómo estaban confirguradas las calles de Triana cuando eran pequeños, dónde se ubicaban las antiguas tasquillas, comestibles, colmados, los cafés, los edificios institucionales, el tranvía, los soportales o las riadas», explica Carlos Jiménez. En su mayoría han vivido la evolución y «transformación» del arrabal. Aún quedan por delante varios meses para seguir aprendiendo y descubriendo más sobre Triana. Según afirma Carlos Jiménez, «aquí no venimos a examinarnos». Triana ya no es una asignatura pendiente.