El Faro de Triana, ubicado en el puente de Isabel II, cambia de dueño. La torre, propiedad de la Autoridad Portuaria, será gestionado por la UTE Faro de Triana, compuesto por Germán Franco Ayala, Adriano Díez S.L. y High Market S.L. Y es que este lunes se ha presentado en el consejo de administración la adjudicataria del concurso, y en un breve plazo de tiempo se llevará a cabo la concesión administrativa.

Tras años regentado por Hermanos Gómez, el mítico establecimiento pasará a manos de este grupo empresarial, quienes además deberán «recuperar la imagen original del edificio, la renovación integral así como mejorar la accesibilidad». La actividad seguirá siendo la misma que actualmente, de bar y restauración.

Se trata de uno de los locales con más solera del arrabal. Como ya explicaba el trianero José Luis Jiménez, «el edificio que en Triana conocemos como El Faro lo designan erróneamente como la torre del reloj. Está situado junto a la «escalerilla de Tagua» y su inauguración tuvo lugar en 1924 como estación de pasajeros y depósito de mercancías destinadas a la ruta fluvial entre Sevilla y Sanlúcar de Barrameda, promovido por la compañía Sanlúcar-Mar. Con la desaparición de ésta, se estableció allí un bar con el rótulo El Faro».

Y aunque la verdadera torre del reloj estuvo ubicada originariamente en el Altozano, tras su demolición se proyectó la actual ubicada en El Faro, que data de finales del siglo XIX. Una construcción catalogada como «edificio singular» y protegida parcialmente por el propio Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de 2006. Recientemente, ha sido remozada por el Consistorio y se ha instalado un nuevo reloj aprovechando las esferas y agujas del que hasta hace escaso tiempo llevaba años sin funcionar.

Según el proyecto técnico de la intervención, el reloj de la torre no estaba funcionando en los «últimos años» y un relojero especializado estimó que la maquinaria instalada era irreparable por sus malas condiciones y por la ausencia de piezas de repuesto, extremo este último que deriva del «cierre» del fabricante del propio reloj.

Así, se procedió «a la impermeabilización de las cubiertas de la torre, la mejora de sus revestimientos interiores y exteriores y la mejoras de sus instalaciones eléctricas, entre otros aspectos». Asimismo, el el trianero y guitarrista Ricardo Miño compuso una música que acompañaba por soleá las horas en el arrabal dando la bienvenida a propios y extraños desde el pasado verano hasta hace apenas unos meses. A raíz de la denuncia de un vecino, la composición «ha enmudecido» y el famoso reloj ya no suena por soleá.