El de ayer fue uno de esos días en los que la memoria se encarga de seleccionar los recuerdos de la cara A del disco, los buenos. Porque los malos, aunque también afloran, lo hacen de una forma más tenue. Apaciguados por la creencia de que de ellos se aprende y son, al final, una lección más de vida. Esto mismo lo vivieron este miércoles los más de cincuenta profesores del IES Isbilya -jubilados y otros que aún continúan en las aulas-, reunidos para celebrar el XXV aniversario de la apertura del centro allá por el año 1990.

El salón de actos se quedó pequeño para acoger el acto inaugural de un programa de actividades que se llevará a cabo durante este curso con motivo de esta efemérides. Ante la presencia del delegado territorial de Educación de la Junta, Francisco Díaz, la catedrática de Latín y profesora del Isbilya hasta 2008, Dolores Vinuesa Sánchez, ofreció una clase magistral sobre el nacimiento de Híspalis e Itálica. Recordó además las figuras de los emperadores Trajano y Adriano, e hizo que los asistentes imaginaran cómo era la Sevilla romana: las calles, los foros, el puerto y las termas, entre otros.

Concluido el acto, llegó el momento de rememorar viejas batallas que han hecho que el Isbilya sea hoy uno de los centros públicos de referencia en la capital, donde lo raro es que un alumno catee la Selectividad y lo normal es que la nota media obtenida en la prueba de acceso se sitúe en el 7,25 (sobre 10).

En octubre de 1990 empezó el viaje para 47 profesores. Entonces el Isbilya se llamaba I.B. Urquiza nº 23. Años después adoptaría el nombre actual. De esos 47, cinco continúan formando en este instituto del barrio de Santa Justa. Ana Martínez, catedrática de Inglés, es una de ellos. «La llegada al instituto fue rara. Empezamos el curso más tarde porque el centro no estaba terminado. Lo bueno que tuvimos es que los profesores que entramos veníamos con una experiencia grande de otros centros. Casi desde el principio hubo un acuerdo general de cómo había que funcionar. Y decidimos de forma tácita que nuestro acercamiento a los chavales tenía que ser desde el punto de vista humano. Los alumnos, con el tiempo, han destacado eso precisamente».

Antonio Buzón, director del Isbilya desde 1992 y profesor de Educación Física, es otro de los que formó parte del «comando 1990». «Los primeros días de funcionamiento del centro fueron muy duros. Carecía de infraestructuras. Creamos un proyecto que poco a poco fue haciéndose realidad, creciendo con mucha ilusión hasta hoy». Buzón hace hincapié en un momento complicado, cuando en 1991 hubo un desdoble de alumnos. «Teníamos 900 por la mañana y otros 600 por la tarde, que venían de la zona norte. Siete años difíciles, pero salimos airosos».

En el 91, entró a formar parte del profesorado del Isbilya Mª Ángeles Florencio, que impartió clases de Historia e Historia del Arte. «Recuerdo gratamente los viajes con los alumnos y cómo muchos se emocionaban en las clases de Arte o Patrimonio. También la amistad con los compañeros y mi despedida hace cinco años, que fue muy emotiva. Fueron años maravillosos, donde siempre reinó el buen ambiente. Hubo altibajos y problemas, claro, pero siempre con la disposición de solucionarlos de buenas maneras».

Dolores Vinuesa, por su parte, se emociona cuando rememora las excursiones al teatro romano de Itálica. «Esos días eran una fiesta para mí y para los alumnos. Los preparaba semanas antes y estando allí, disfrutaba viendo que compartían mi ilusión por la Historia». También se acuerda de los lazos que se crearon entre los profesores. «Éramos como una pequeña familia. Los fines de semana o festivos se organizaban excursiones y comidas. El ambiente era muy agradable».

Alumnos que ya se encuentran en sus últimos años de carrera universitaria tampoco quisieron perderse este día. Es el caso de Joaquín Chaves, de 21 años. «Los mejores años de mi vida los pasé aquí. Siempre recordaré a Eduardo Bermúdez, profesor de Latín y Griego, no sólo por su forma de enseñar, sino también por los valores que transmitía». O Ángela Pineda, que tras finalizar los años de instituto en 2011, quiso no perder el contacto con sus compañeros creando, con otros estudiantes del instituto, la asociación de antiguos alumnos. «Necesitábamos seguir manteniendo el contacto. Nos daba pena que todo acabara. Al Isbilya siempre hay que volver».

Recuerdos en las aulas

Ana Martínez

«Los profesores que entramos en 1990, veníamos con una experiencia grande de otros centros. Casi desde el principio hubo un acuerdo general de cómo había que funcionar»

Dolores Vinuesa

«El profesorado del Isbilya era como una pequeña familia. Los fines de semana o festivos se organizaban excursiones y comidas entre los docentes. El ambiente era muy agradable»

Joaquín Chaves

«Los mejores años de mi vida los pasé aquí. Siempre recordaré a Eduardo Bermúdez, profesor de Latín y Griego, no sólo por su forma de enseñar, sino también por los valores que transmitía»

Antonio Buzón

«Los primeros días de funcionamiento del Isbilya fueron muy duros. Era un centro nuevo pero carente de infraestructuras. Poco a poco el proyecto fue creciendo, con ilusión, hasta hoy»

María Ángeles Florencio

«De los 20 años como profesora de Historia e Historia del Arte, recuerdo gratamente los viajes con los alumnos y cómo muchos se emocionaban en las clases de Arte o Patrimonio»

Ángela Pineda

«En febrero de 2012 creamos la asociación de antiguos alumnos del Isbilya. Surgió tras acabar el instituto, necesitábamos seguir manteniendo contacto con profesores y alumnos»