La tarde de hoy martes no es como una tarde cualquiera en la Escuela Superior de Ingeniería de la Universidad de Sevilla. Las clases se interrumpen y el salón de actos se llena de alumnos, profesores, visitantes y curiosos que se agolpan para vivir una tarde de humor y espectáculo en la gran Gala de Ingenieros. «La Gala de Ingenieros es un evento realizado por los propios alumnos de la escuela, con ayuda puntual de algunos estudiantes de otras facultades, donde se parodian temas tales como el día a día en la escuela y en la universidad, hay un humor «inteligente» relacionado con el ámbito de la ingeniería, a la par que se entregan premios a los profesores más votados por los alumnos», explica Arantza Cuéllar, coordinadora del Aula de Cultura de la Escuela Superior de Ingeniería.

Y por ello, cuando tiene lugar este evento cada año, la propia escuela asigna un día en el calendario escolar y se paran las clases para abrir las puertas del salón de actos a todo el público que desee ser testigo de esta especial celebración. En concreto, desde las 18.00 horas hasta las 20.00 horas de esta tarde, aunque las puertas se abren media hora antes para que los alumnos vayan cogiendo sitio. «El salón de actos tiene una capacidad de 500 personas aproximadamente, y se llena completamente, e incluso acaban alumnos sentados en las escaleras. También asisten los profesores, tanto los premiados para recoger sus premios como los que quieran asistir», apunta Arantza Cuéllar.

La gala está organizada por el Aula de Cultura y, aunque el número de alumnos que interviene varía cada año, «hace poco hubo un relevo generacional y ahora la dinámica de la gala ha cambiado un poco. Somos todos un poco novatos pero la seguimos haciendo con la supervisión de los alumnos más expertos. Rondaremos los 30 alumnos», sostiene la coordinadora del Aula de Cultura.

Estos estudiantes comienzan los preparativos de la gala en el mes de septiembre y poco a poco van perfilando todos los detalles. Se divide en cuatro actos y dura aproximadamente unas dos horas e incluso algo más. «Los premios son a los mejores profesores votados por los alumnos y el peor profesor de la escuela, el Óscar negro. Al director también se le da un premio honorífico ya que no tiene competencia. Todos entienden que es una parodia y no se sienten atacados», asegura Cuéllar. En definitiva, se trata de pasar un buen rato y disfrutar de un espectáculo de humor hecho «por y para los alumnos».