Su padre le introdujo en el negocio desde pequeño porque «había que trabajar para comer». Y a ello dedicó toda una vida. Luis León León (1926-2012), aunque no era trianero, siempre afirmó que éste era su barrio, «y a mi casa [en la Puerta Osario] sólo voy a dormir». Sus calesitas en la plaza de San Martín de Porres desde el año 1959 han divertido y hecho soñar a generación tras generación. Y por ello fue nombrado Trianero adoptivo en la Velá de Santa Ana del pasado año 2011, galardón que recibió con «mucho orgullo». Su padre ya era conocido en el arrabal, ya que montaba sus calesitas en el Altozano o en San Jacinto, y en otras puntos, cuando todavía el tiovivo no era eléctrico. Así, la licencia de estas calesitas que tanta ilusión destila en Triana data del año 1936.

Pero el mítico Luis León León enfermó y, aunque siempre se mantuvo al pie de su añorado tiovivo, fallecía el pasado 26 de octubre dejando una huella imborrable en Triana. Ahora es uno de sus tres hijos, José Luis León, quien regenta el negocio familiar.  Desde los 14 años, ha vivido junto a su padre poniendo en marcha cada día las famosas calesitas de la plaza de San Martín de Porres, junto al Mercado de San Gonzalo. Aquí se han mantenido contra viento, marea y riadas, y a pesar de las inclemencias meteorológicas, los cochecitos y los caballitos no paran de girar. «Por aquí han pasado familias de generación en generación, niños que venían cuando eran pequeños, traen a sus hijos y a sus nietos», explica el propietario. No puede evitar que afloren las emociones y las lágrimas al recordar a su padre. «Era un hombre muy querido, lo saludaban en todas partes, era un hombre de su casa y de su trabajo», afirma su hijo.

Cuando todo alrededor era huerta y campo, cuando San Jacinto terminaba donde ahora está el Hospital, ya paseaban estas calesitas a los niños de Triana. Pero hasta esta atracción también han llegado familias de otros barrios aunque, según asegura León, «este negocio también se ha resentido». Recuerda cuando los padres hacían largas colas, durante horas, esperando para montar a sus hijos. «Incluso cuando iban las madres a comprar, dejaban aquí a sus niños», declara. Sin embargo, ha notado el descenso de la natalidad y que «ahora prácticamente recién nacidos ya entran en la guardería».

Es un trabajo sacrificado, abierto también en días festivos y siempre a la intemperie. «El viento es un enemigo, pero siempre estoy muy pendiente de la seguridad, de los anclajes, de los engrases, del mantenimiento, …, no es sólo venir y darle al botoncito», explica León. Ya está acostumbrado y conoce a la perfección el oficio que ha desempeñado desde que era un adolescente. Antes, comenta, era todo de madera, y aunque no conserve la estructura, sí que mantienen intactos algunos coches que han cumplido ya sus 100 años de paseos. Eso sí, hay que estar al día según la época y tienen otros más modernos como el coche de Fernando Alonso.

León asegura que «ya no se baja del tren», y aquí, en el añorado negocio familiar, le llegará la jubilación. Su padre, Luis León León, siempre quedará en el recuerdo y en la historia de Triana. Y sus calesitas, de momento, siguen en marcha. No paran de girar manteniendo viva la ilusión de muchos niños y rememorando la infancia de muchos otros.