Criado en la Cava, donde desde antes de aprender a andar ya se sabía las «patás» por bulerías de su tío Rafael el Negro, Rafael García Serrano, El Eléctrico, le dio tres vueltas al mundo tocando las palmas. Y volvió a su único lugar, Sevilla, para el final. Víctima de unatrágica enfermedad, y con apenas 52 años, el maestro del compás que se despellejó las manos poniéndole soniquete a todos los genios del baile de casi todos los tiempos murió horas antes de la Nochebuena. Sigue leyendo en ABC de Sevilla.