Así lo definen algunos de sus residentes, y viéndolo de cerca, no es para menos. Este lugar se ha convertido en los últimos años en un centro muy demandado por los mayores que buscan una residencia en la que disfrutar tras la jubilación. En la Residencia Geriátrica Nuestra Señora de la Consolación, ubicada en la avenida de Coria número 10, las 101 plazas de las que dispone para la tercera edad están completas. Además, hay quienes aguardan varios años en lista de espera para poder acceder a este centro, que dispone de 30 plazas concertadas y 10 de respiro familiar. «Hay mucha demanda, y muchos de los residentes, la gran mayoría, son privados, es decir, no tienen dependencia, son personas dinámicas, independientes, sin necesidad de cuidados asistenciales», explica Sara, trabajadora social en esta Residencia Geriátrica.

Para estos residentes, la libertad es absoluta para entrar y salir, siempre haciéndolo constar en el centro, así como si desea salir fuera por una temporada o durante un fin de semana, según afirma Sara. Habitaciones individuales, talleres, actividades, una capilla, salón de actos, peluquería, sala de rehabilitación, biblioteca, son sólo algunos de los equipamientos de los que dispone este centro, que pertenece a la Fundación Carrere. Las hermanas de Nuestra Señora de la Consolación son quienes están al frente y gestionan este centro geriátrico, y cuentan con profesionales cualificados para el cuidado diario tanto de los residentes como del edificio en sí. Y cómo no, un pilar importante es el Voluntariado Consolación, conformado por unos 50 voluntarios entre jóvenes y mayores que aportan su granito de arena y, sobre todo, parte de su tiempo libre para ayudar en el día a día de la residencia.

En el año 2008 se reformó y se adaptó todo el edificio a la normativa establecida por la Junta de Andalucía, según explica uno de los voluntarios. Y hoy día dispone de unas cómodas instalaciones, con una inmensa y preciosa zona ajardinada que hace las delicias de muchos. «Esto es como un hotel, la comida está buenísima, todo es excelente y yo salgo cada vez que quiero», afirma Francisco Molina que a sus 82 años sostiene que lleva 14 años residiendo en este lugar. Una residencia a modo de «hotel» que se ha convertido en un agradable hogar para la tercera edad.